jueves, 3 de julio de 2014

Sierra del Rey. 25 de mayo de 2014

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Antonio y Juanlu.

La Sierra del Rey se encuentra situada al sur del Pico Chamizo (Sierra del Jobo). La cumbre está formada por dos elevaciones rocosas, de 987 ms y 972 ms, respectivamente. La más baja, paradójicamente, es la que se conoce como Cerro de Castejón, en los mapas, o "Tres Lindes", según la toponimia de los lugareños.

Esta ruta consiste en un delicioso paseo de apenas 3 horas, con varias sorpresas durante el recorrido en cuanto a paisaje, botánica, características del terreno... que iré desgranando de forma progresiva en el curso de la narración.



Iniciando la ruta.

La primavera ha estallado en todo su esplendor y no puedo dejar de reflejarla en este blog. Los compañeros del grupo saben que soy un amante de la flora silvestre y sufren continuamente en sus carnes mis continuas detenciones durante la ruta para fotografiarla. Me atrevo a colocar "el latinajo" junto al nombre vulgar, a sabiendas de que puedo cometer errores ya que sólo soy un aficionado. Si bien es verdad que me quiebro continuamente la cabeza consultando mis guías de plantas y numerosas páginas especializadas en Internet. Espero que me perdoneis los fallos. Seguiré insistiendo en el estudio de las maravillas de la naturaleza.



Zanahoria. Daucus carota.


Charles Edmund Boissier, en su viaje al sur de España en 1837, encontró una planta a la que denominó Echium pomponium. Posteriormente, en su honor, se le dio el nombre de Echium Boissieri. Es una planta que siempre me ha llamado la atención por su porte erguido que puede superar la altura de una persona.



Viborera grande. Echium boissieri.



 Echium boissieri.

Muy pronto nos encontramos con un cambio de terreno. Dejamos la pista que seguíamos y ¡cómo no! atravesamos una alambrada para comenzar a ascender por un terreno rocoso.




Personalmente, prefiero andar por rocas más que por pistas y veredas. Esta afición mía también "joroba" a algunos compañeros del grupo que protestan aunque "con la boca chica" porque hay paisajes rocosos verdaderamente soberbios.




El pueblo de Colmenar al fondo.

 Respirar a pleno pulmón el delicioso perfume de una retama de olor como es la gayomba se convierte en un verdadero placer durante el recorrido.


 Gayomba. Spartium junceum.

El matagallo me traslada a la infancia, cuando tras comernos una paella en familia, cocinada junto a un río, cogíamos agua del mismo y fregábamos los platos con las aterciopeladas y gruesas hojas de esta olorosa planta. Hoy día, ya "de mayor" no se me ocurriría hacerlo. Y que conste que me sigue gustando la paella...



Matagallo. Phlomis purpurea.

Llegamos a la parte más alta de la Sierra del Rey desde la que podemos observar, al este, muy cercana, la cumbre del Cerro de Castejón, rodeada de un verde manto de encinas.




Cumbre rocosa del primer pico.

Al descender un poco dirigiéndonos al pie del encinar para acometer la subida al Cerro de Castejón, volvemos la cabeza hacia atrás y podemos observar la preciosa cumbre del primer pico.



Primer pico de la Sierra del Rey.







Achicoria. Cichorium intybus.

En la cumbre del Cerro Castejón encontramos, para sorpresa nuestra, ammonites. Durante el ascenso me había llamado la atención un tipo de roca distinta a la de color gris que domina el paisaje. Esta es de color marrón claro y la había visto con anterioridad en el Torcal de Antequera, en los alrededores del "Tornillo", el símbolo de dicho Paraje Natural, y en la que pude observar gran cantidad de  ammonites.



Ammonite en la cumbre del Cerro de Castejón.

Otro hallazgo interesante en la cumbre es la observación del crecimiento de algunas encinas  en las grietas rocosas, como colosos que parecen separar las rocas al crecer.








Dos fotografías increíbles ante las que nos preguntamos ¿cómo puede crecer una encina en tan duras condiciones?
Y, aunque guardo esas imágenes en mis retinas, procedo a fotografiarlas por si alguna vez viene a visitarme ese médico alemán "el Doctor Alzheimer" y pierdo el cholondro del todo. No, Juanlu, aún conservo alguna microneurona aunque tú no lo creas. Mientras haya algo de pelo hay esperanza...





Nos quedamos embelesados al mirar hacia el este las tres cumbres de los Altos del Sábar: el Fraile, Doña Ana y el Tajo de Gomer que parece inaccesible pero se puede ascender sin grandes dificultades. Desde el año 1995 lo he ascendido en once ocasiones, colocando un buzón de montaña en su cumbre el 7 de octubre de 1995, cinco meses después de subirlo por la cara norte, de la manera más negligente posible dado el peligro que entraña. "Juventud, inconsciente tesoro..."



Inma, observando el Tajo de Gomer.



A la izquierda, el Fraile. A la derecha, el Tajo de Gomer. Y, detrás, apenas visible, Doña Ana.

Tras obsequiarnos con el maravilloso paisaje, encontramos una camisa de serpiente en la que podemos contemplar incluso el molde de los ojos.



Camisa de serpiente.



Ojos, en la parte inferior.

Jose, el alevín del grupo aunque ya se está convirtiendo en un verdadero "aborrecente"...¡Uy, perdón!... quería decir adolescente... me reta a realizar flexiones en el suelo. Y, por supuesto, el orgullo herido al considerarme un "abuelo" hace que me ponga a demostrarle que, además, de alguna microneurona me queda alguna fibrilla muscular en los brazos. Se queda sorprendido porque no lo esperaba. Pero no vuelvas a retarme el año que viene...¿eh...?



"El machito ibérico" junto al "aborrecente".




Hacia el oeste podemos observar la Sierra de Camarolos, Sierra Prieta y la lejana Sierra del Co.

Decidimos realizar el regreso bordeando la parte  norte, adentrándonos en un frondoso bosque de encinas y grandes quejigos parasitados por la hiedra.




La hiedra parasita todo lo que se le pone por delante, incluso ascendiendo por los rocosos tajos de la sierra.



Hiedra. Hedera helix. 

Nos dirigimos poco después hacia un maravilloso abrigo en las inmediaciones del tajo que debió ser ocupado por el hombre del Neolítico hace 7.000 años como protección frente a fieras y a enemigos por la altitud a la que se encuentra.



El sorprendente abrigo en el tajo rocoso.

Volvemos a descender hacia el bosque, atravesándolo hasta salir a una herbosa pradera.







Carlos no puede contener el impulso de tumbarse en la hierba.




El Chamizo y la parte este de la Sierra de Camarolos.



Un precioso prado donde abunda la gayomba.

Y unos insectos, imitando a Carlos, buscan también la suavidad del lecho de un ejemplar de la familia asteraceae.








Juanlu con Jose e Inma.




Trébol hediondo. Bituminaria bituminosa.



Imposible sustraerme a la belleza botánica del entorno.

Juanlu le hace una foto a Inma tratando de imaginarla con el pelo blanco dentro de 100 años porque antes no hay quien pueda con ella.



"Abuelita Inma".



Diente de león. Taraxacum officinale.

La zanahoria puede presentar un color blanco como la nieve o un precioso color rosado como éste.



Zanahoria. Daucus carota.



Atravesando la pradera.

Y continuamos encontrando bellísimas flores a nuestro paso.



Orquídea piramidal. Anacamptis pyramidalis.



Cepilla. Carduncellus caeruleus.

Una pequeña orquídea parece reírse de nosotros.



Flor de la araña. Ophrys scolopax.



 A la izquierda, el colosal Tajo de Gomer.


Una cómoda ruta para disfrutar una mañana.



sábado, 7 de junio de 2014

Trevenque. Sierra Nevada. 11 de mayo de 2014

Comentarios:   Antonio Arana
Fotografías:   Antonio y Juanlu

El Trevenque es la reina de la media montaña de Sierra Nevada, con sus 2.083 metros de altitud.

Desde la Zubia, pasando por Cumbres Verdes, llegamos a la Fuente del Hervidero. Podemos dejar los coches junto al restaurante del mismo nombre o acercarlo más al inicio de nuestra ruta, hacia el este,  para aparcarlo en el Mirador del Canal de la Espartera.



Iniciando la ruta desde el Mirador.

Hacia el sur podemos contemplar los Alayos del Dílar.



Alayos del Dílar.

A nuestra espalda dejamos el emblemático Cortijo Sevilla.



Cortijo Sevilla. Detrás, la Boca de la Pescá.

Nuestra ruta discurre de oeste a este, siguiendo la rectilínea cuerda que nos llevará como punto final al Trevenque. Desde el comienzo vamos encontrando algunas flores preciosas.



Peonia broteroi.



Inicio de la vereda.



El Caballo, muy lejos,  a la izquierda. Detrás, los Alayos del Dílar.



Lo que vamos dejando a nuestra espalda, al oeste.

Muy pronto comenzamos a pisar la pista que discurre por los Arenales del Trevenque.



Por los Arenales.

Encontramos un bello arbusto en flor, prácticamente ausente en la comarca de la Axarquía malagueña, de donde procedemos.



Guillomo. Avelanchier ovalis.



Flores del guillomo.



El profundo barranco del Río Dílar.

Hace muy poco tiempo que realizamos por última vez esta ruta (4 de diciembre de 2011), motivo por el que no quiero aburriros dando explicaciones que ya fueron plasmadas en este blog en su momento. Prefiero hacer un recorrido visual porque es lo que verdaderamente queda grabado en nuestra retina, fiel a mi pensamiento de que una imagen vale más que "mis" palabras.

En un determinado punto del recorrido aparece de pronto la figura del Trevenque alzándose por delante de la alta montaña de Sierra Nevada.



El Trevenque.

A la derecha, dije antes que llevamos los Alayos del Dílar. Y, a la izquierda, se alzan otros picos ya subidos con anterioridad y que merece la pena repetir más adelante.



Vista hacia el norte.



Contemplando el Pico de la Carne (1.806 metros) y Cerro Gordo (1.885 metros).



La Esfinge, abajo a la izquierda. Al fondo, otra visión de los Alayos del Dílar.



La Esfinge.



Piorno de crucecita. Vella spinosa.



El Gran Jefe plantado ante el Trevenque.



Judith y Germán al inicio del tramo más penoso del ascenso.











No sé cómo lo hace... pero Pepe siempre consigue la mejor compañía... en este caso Verónica.

¡Menos mal que que Juanlu viene a mi lado... como siempre... HACIENDO EL PAYASO!








 Pero... vamos a darle un poco de emoción a la ruta... ¿vale Pepe?... vamos a "demostrar" que la enorme pendiente no puede con la voluntad de un montañero...



Ahí vamos...







Un corto descanso buscando algo de sombra.



En el Collado del Trevenque.

Una vez en el collado que hay en la parte sur de la base  del Trevenque, bordeamos hacia el norte para ascender los últimos 30 metros hasta la cumbre.



En la cima.



 El "último metro".

Una vez en la cumbre, nuestra atención se dirige necesariamente a la segunda montaña más alta de Sierra Nevada, el Veleta.




En un recorrido visual vamos desgranando los nombres de los otros "tres miles" visibles.







 El "Gran Juanlu".

Al norte reconocemos otros relieves montañosos.







 Descenso por el Collado del Trevenque.



 Judith en una breve parada en la pendiente resbaladiza.

 
 Esta roca tiene forma de cabeza de perro desde una determinada posición.



 La parte más inclinada y resbaladiza por la continua pedrera existente.








Una víbora hocicuda se nos cruza en el camino.



 Víbora hocicuda. Vipera latasti.



 El "arreglador de huesos" del grupo Andax: Rodrigo, médico residente de Traumatología.



 Alejandro.



 El emblemático Trevenque.



 Vista hacia el suroeste con algunas lejanas montañas de la Axarquía malagueña: Lucero y Maroma.



 Pepe... ¿otra vez...? Eres incorregible.



 Por los Arenales.



 Agracejo. Berberis vulgaris. 



 Jara blanca. Cistus alba.



 Vulneraria. Anthyllis vulneraria.



 Guitarrillo. Muscari comosum.

Y el punto final de la ruta, en el restaurante de la Fuente del Hervidero.



 El gazpacho frío y la cerveza helada nos saben a gloria.



 Track de la ruta.





Perfil de la ruta.


Recorrido:   10.400 metros.
Desnivel:   800 metros aproximadamente.
Tiempo total:   5 horas y 30 minutos.
Dureza:  leve-moderada.