miércoles, 10 de febrero de 2010

La Maroma. Desde el Robledal a la Alcauca. 31 de enero de 2010.

Comentarios: Antonio Arana.

Aprovechando la nieve presente en la Maroma, hemos decidido subirla desde el Robledal y realizar el descenso hacia la Alcauca. Para ello, hemos dejado un coche en esta última adecuación y con los otros tres nos dirigimos al Robledal. De esta forma podremos hacer dos rutas distintas en una, lo cual es interesante sobretodo para los compañeros que no conocen aún alguna de las dos rutas.

En la Alcaicería tenemos la mala suerte de que Ninita comienza a sentirse mal y tiene que volverse a Torre del Mar con su madre.

Ya en camino, dirigiéndonos al "Contaero", nos encontramos dos mulos y un burro. Nos apresuramos a fotografiarnos con este último.


Fernando y Diego. El burro es el del centro.

El terreno está blando y se anda bastante bien. Vamos encontrando algunos grupos de montañeros delante y detrás de nosotros. El musgo se ve frondoso y fresco con un color verde muy vivo.


Camino del "Contaero".

Vamos viendo abetos, cedros del Atlas, Douglasias, pinos negrales con líquenes en sus gruesos troncos, quejigos, robles melojos de aterciopeladas hojas... Un paseo delicioso...


Líquen.


Barbas de Capuchino "Usnea barbata".

En una hora llegamos al "Tajo Contaero", estrecho paso entre rocas en el que los pastores de la zona contaban una a una sus ovejas.


Tajo "Contaero".

Vemos también Eléboro fétido, una planta que crece en otros muchos lugares y que es venenosa. En la época medieval se usaba para empozoñar saetas. Se la conoce por este motivo, también, como hierba ballestera o de ballesteros. Está recogida en el gran Tratado de Plantas Medicinales "Dioscórides renovado" (Pío Font Quer).

Eléboro fétido "Helleborus foetidus".

Cuando la vi por primera vez, la confundí con el cáñamo "Cannabis sativa". Afortunadamente, no la "toqué".

Comenzamos a ver las primeras manchas de nieve, mucho antes de llegar al Collado de Rojas, donde siempre que hacemos esta ruta paramos unos minutos a beber agua y tomar unos frutos secos antes de continuar el camino. Desde el "Tajo Contaero" hasta ese collado es donde se encuentran las pendientes más ingratas aunque son cortas.


Primeras manchas de nieve.

Al sureste, en la zona conocida como "Las Chorreras", podemos contemplar algunas cascadas completamente heladas, sobre todo una de ellas verdaderamente espectacular.


Cascada helada.

En el Collado de Rojas nos detenemos unos minutos, comemos y bebemos, y decidimos colocarnos las polainas. A partir de ahora encontraremos mucha más nieve y el matorral, chorreando de humedad por la niebla, mojaría los pantalones y tendríamos bastante frío.


Collado de Rojas.

El grupo camina estirado por la vereda zigzagueante del Salto del Caballo. Por ahora no ha sido necesario utilizar los crampones, a pesar de que encontramos algunas placas de hielo en la vereda.


Por el Salto del Caballo.

Vamos impregnando la retina de los maravillosos rincones nevados que encontramos a nuestro paso.


Estalactitas de hielo.

En una hora y media, contando desde el inicio de la ruta, llegamos a los primeros tejos. En el Parque Natural de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama, hay unos 100 ejemplares, aproximadamente.


Tejos "Taxus baccata".

Un grupo de montañeros regresa hacia el Robledal informándonos de que hay una niebla espesa en el Puerto de las Loberas y no han podido llegar a la cumbre de la Maroma. Nosotros conocemos muy bien la ruta y la hemos hecho, en ocasiones, lloviendo y con niebla muy densa. Aunque es necesario ir muy atentos a los hitos de piedra que los grupos de montaña vamos colocando en cada ruta para señalizar bien el camino y evitar contratiempos. Continuamos adelante.


Hacia el Puerto de las Loberas.

Hace frío y llevamos las bragas de cuello tapándonos la nariz y la boca. Llevo el bigote helado y hasta el sudor se convierte en pequeñas perlas de hielo en la cabeza y en la cara.


Inma y Pedro en el Salto del Caballo.

Conforme vamos avanzando, la niebla se cierra cada vez más, aunque, en ocasiones, se abre y podemos ver durante unos segundos el azul intenso del cielo. Ojalá que las nubes sean bajas y que, como ha ocurrido otra veces, la cumbre de la Maroma se encuentre por en
cima de ellas de forma que podamos dejarnos acariciar por los rayos del sol.


Niebla densa.


Con Alejandro.


Tejo.


Salto del Caballo.


Salto del Caballo.

Los árboles y las plantas en el Puerto de las Loberas están completamente helados: agracejos, enebros, pinos...


Enebro "Juniperus communis".


Puerto de las Loberas. Inma junto a un pino helado.

En el Puerto de las Loberas, extremamos la precaución porque no se ve absolutamente nada. Vamos pendiente del compañero que camina delante. Parecemos espectros en la niebla.


El grupo avanzando por el Puerto de las Loberas.

Nos dirigimo
s hacia el Tajo Volaero. Un viento rasante nos obliga continuamente a cerrar los ojos debido a la fuerza con la que nos golpea la nieve. Los compañeros que llevan gafas como Pepe y Alejandro, se ven forzados a quitárselas y a guardarlas por la nieve que se acumula en los cristales.


Alejandro por la cornisa del Tajo Volaero.

Pronto nos encontramos con una grata sorpresa: salimos de la gran masa nubosa y nos encontramos un paisaje esplendoroso, con un sol estupendo y el mar, al sur, reflejándolo con fuerza.


Saliendo de las nubes.

Tras 4 horas de recorrido, nos encontramos junto a los monolitos de piedras que hay a unos 250 ms del vértice geodésico de la Maroma. En cada ascensión a esta montaña, reforzamos los monolitos con una nueva piedra dando gracias por haber ten
ido una buena subida. Sierra Nevada se ve blanca en toda su extensión, emergiendo hacia el Cielo sus tres cumbres principales: Mulhacén, Alcazaba y Veleta.

Junto a los monolitos de piedra en la cima de la Maroma.
Al fondo, Sierra Nevada.


Vértice geodésico en la cumbre de la Maroma (2.068 ms de altitud).


Cumbre de la Maroma.



Cumbre de la Maroma.

A pesar del buen tiempo reinante en la cumbre, hace bastante frío, decidiendo

demorar un rato la comida y dirigirnos hacia el pluviómetro de la base del Cerro Mojón, donde presumiblemente encontraremos mejor tiempo.


Descenso hacia el pluviómetro.

El descenso hacia el noroeste lo hacemos pisando una nieve blanda y espesa, hasta unos
40 cm en algunas zonas. Los más jóvenes del grupo aprovechan para deslizarse por ella en las suaves pendientes que encuentran en el camino.


Deslizándose por la nieve.

Al frente, podemos observar ya la siempre expectante Peña del Águila.
Nuestro camino se dirige hacia el este de la Peña, buscando la base del Cerro Mojón.


Peña del Águila.

La niebla y el sol pugnan por reinar y lo hacen alternándose.


Manolo.

El hambre encoge los estómagos y estamos deseando llegar al pluviómetro. Apenas hemos bebido agua. Y, sin embargo, habría que hacerlo con frecuencia. Tampoco nos hemos p
rotegido la cara contra la radiación solar y, probablemente, cuando finalicemos la ruta, nos habremos quemado un poco. La niebla es algo traicionera. Sentimos fresco en la cara y pensamos que no es necesaria la protección. Nada más lejos de la realidad.


Llegando al pluviómetro del Cerro Mojón.

Tras recuperar fuerzas durante una media hora, bordeamos por el este el Cerro Mojón. A nuestra derecha podemos observar el Selladero, un pico que a Eduardo, Juanlu y a mí mismo, nos trae el recuerdo de una noche en plena Integral de las Sierras Almijara y Tejeda, cuando tomamos la decisión de desviarnos "un poco" de nuestra ruta para llevarnos también este pico "en la mochila". Conseguimos hacerlo aunque añadiendo al tiempo previsto en nuestra Integral, tres horas y media más.

Nuestra próxima meta es la Fuente del Espino. Y a ella se puede acceder, bien bordeando el Cerro Mojón como estamos haciendo, o bien, directamente por el Arroyo del Cerro Mojón, entre éste y la Peña del Águila. Con nieve, elegimos la primera alternativa porque el paisaje es mucho más bonito.


Pepe Martín hacia la Fuente del Espino.


Hacia la Fuente del Espino.


Fuente del Espino. Detrás, el Cerro Mojón y el arroyo de su nombre.

Descendemos por la Loma de las Víboras con una soberbia vista de la Mesa de Zalia, Cerro Puerto, Boquete de Zafarraya, la Umbría (Hoyo del Toro), Marchamona, Torca, Vilo, Gallo, Sierra de Loja... Vamos señalando las distintas montañas a los que no las conocen todavía.


Mesa de Zalia.


Boquete de Zafarraya y Cerro Puerto (en el centro de la imagen).

A las cinco de la tarde nos encontramos en el pluviómetro de la Loma de las Víboras, donde nace el carril que conduce a la Adecuación Recreativa del Alcázar. Sin embargo, nosotros, tras recorrer por dicho carril unos 600 ms, nos desviamos a la derecha, hacia el norte, para descender por un carril secundario en dirección a la Alcauca. Dejamos a nuestra izquierda los formidables farallones rocosos de los Castillones.


Descenso hacia los Castillones.

A las 17.40 horas nos encontramos ya en la Adecuación Recreativa de la Alcauca. En ella tenemos mi coche y en él nos subimos sólo los conductores que tienen sus vehículos en el Robledal y yo, para llevarlos allí. Los demás componentes del grupo tendrán que continuar caminando, ahora por el carril, hacia Pilas de Algaida para no quedarse congelados si permanecen inactivos. Hace mucho frío.

Perfil de la ruta:


Robledal-Maroma -Alcauca


Recorrido total: 15.8 km.
Desnivel de ascenso: 1.270 ms.
Desnivel de descenso: 1.295 ms.
Tiempo total: 7 h y 30 min. (incluyendo los descansos).
Dureza: alta.


martes, 9 de febrero de 2010

Cómpeta - Puerto Blanquillo. 30 de enero de 2010.

Comentarios: Antonio Arana.

Hoy tengo la suerte de acompañar a mi amigo Javi Gálvez en la preparación de la ruta programada oficialmente para mañana por la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Benamocarra, dentro de las Jornadas de Senderismo "Antonio Lorca Camacho". Mañana comenzarán la ruta en la Fábrica de Canillas de Albaida; caminarán por el Arroyo de la Cueva del Melero y llegarán a Puerto Blanquillo y, desde aquí, se dirigirán a Cómpeta por la ruta que estamos haciendo hoy.

El día es magnífico. Algo frío pero luce un sol espléndido.

Iniciamos la ruta en el campo de fútbol de Cómpeta, por un carril que nos lleva a la cumbre del Cerro Gavilán (altitud 1.134 ms). En él hay una pequeña construcción que constituye un punto de observación dentro de la campaña contra incendios de cada verano. La contemplación de las montañas de esta parte de la Axarquía es gratificante.


Cumbre del Cerro Gavilán.


Cerro Lucero.


Cerro de las Tres Cruces, Cisne, Tajos del Sol y Navachica (nevado).


La Maroma, desde el Cerro Gavilán.

Descendemos del Cerro Gavilán bordeándolo por el este, dejando poco después el carril para coger a la derecha una preciosa vereda que pasa junto a las ruínas de la Venta de María Guerrero. La vista del Cerro Gavilán es estupenda.


Venta de María Guerrero. Al fondo, el Puerto de Cómpeta.


Venta de María Guerrero.


Cerro Gavilán.

La vereda presenta un trayecto prácticamente horizontal. Es larga y serpenteante. Supone un verdadero paseo. Llegamos a la Antigua Venta de los Pradillos, situada en un lugar paradisíaco, enfrentada al mar.


Antigua Venta de los Pradillos.

Al oeste podemos apreciar, vigilante, el gran morro de la Atalaya. Visitamos las ruínas con cuidado imaginando cómo sería la venta en el siglo XVIII, cuando se detenían en ellas los arrieros camino de Granada. Continuamos por la vereda durante 10 minutos y llegamos a otra antigua venta: "Venta de Cándido". Junto a ella hay una preciosa y bien conservada era.


Venta de Cándido.


Era en la Venta de Cándido.

Muy cerca de las ventas encontramos varias caleras, junto a la vereda. Pepe
Martín, "el Jefe", nos explica el laborioso método para fabricar la cal. Javi y yo escuchamos interesados sus explicaciones. Cada palabra va llena de historia y tradición. Yo voy mostrándoles algunas plantas que encontramos en nuestro camino.

Calera.


La Atalaya.


Enebro. Juniperus Oxycedrus. Al fondo, Cisne y Cerro de las Tres Cruces.

El enebro (Juniperus oxycedrus) tiene una especie emparentada que es el Juniperus communis. En éste, la haz de las hojas sólo tiene una lista blanca, mientras que el J. oxycedrus presenta dos listas de ese color. Ambos son muy parecidos.

Entre las montañas que podemos apreciar al sureste se encuentran Cerro Verde y el Fuerte de Frigiliana. No hay que confundirse con otro "Cerro Verde" que se encuentra en la Sierra de Cómpeta, constituyendo el tercer pico de la cadena que comienza en Cerro Gavilán, continúa en la Atalaya y finaliza en Cerro Verde, único de los tres con vértice geodésico.


Fuerte de Frigiliana y Cerro Verde (delante).

La ruta completa desde Cómpeta a Puerto Blanquillo y el regreso se hace en un tiempo total de seis horas y media. El desnivel de ascenso es de +681 ms y el de descenso exactamente igual (-681 ms). El recorrido total es de unos 15 km. La ruta tiene dificultad baja.



sábado, 6 de febrero de 2010

Pico El Convento (El Chorro). 24 de enero de 2010.

Comentarios: Antonio Arana.

Dejamos atrás las Navidades e iniciamos nuevamente la temporada de montaña en este año 2010.
Y lo vamos a hacer comenzando con una ruta repetidamente postpuesta por las inclemencias meteorológicas de finales del año pasado: el Pico del Convento.


Aparcamiento del Hospital de la Axarquía.

Contamos con la suerte de un buen invierno de lluvias para poder ver los embalses del Chorro llenos de agua.


Al inicio de la ruta.

Dejamos los coches junto al Restaurante el Mirador y comenzamos nuestra ruta por el túnel que atraviesa la Sierra de la Pizarra hacia el Embalse de Gaitanejos. No es necesario el uso de linternas ni de frontales porque al final del túnel se aprecia la luz del día que nos sirve como guía.
Tiene un recorrido de unos 150 ms y una altura máxima que ronda los 2 ms.


Entrada al túnel.

A la salida del mismo, ya podemos contemplar la mole rocosa del Pico del Convento entre nubes.
Tiene una altura de 619 ms y está compuesto de areniscas erosionadas. Según algunos historiadores, fue un bastión defensivo ya en la antigüedad, en época íbera y romana, siendo reutilizado en la época hafsunita (últimos años del siglo IX).

El Convento.

Antes de llegar a la cumbre nos desviamos para contemplar desde un mirador natural el espectacular Tajo de los Ballesteros, en el que se localiza la mayor parte de la colonia de cría de buitre leonado. Vemos algunos ejemplares sobrevolándonos, utilizando las corrientes de aire caliente. Podemos apreciar su largo cuello desnudo y cubierto de plumón blanco, con su collar de plumas de color marrón claro. La envergadura de alas en los machos llega hasta los 290 cm.


Tajo de Ballesteros.


Buitre leonado sobrevolando la cumbre del Convento.

La vista del Desfiladero de los Gaitanes es estupenda. Puede apreciarse casi en todo su recorrido por el Hoyo del Valle, a excepción de sus impenetrables cañones. El desfiladero tiene una longitud de 5 km. El primer cañón tiene una estrecha entrada de apenas 5 a 15 ms de anchura, por 200 de altura. El cañón final tiene 5 a 10 ms de anchura y 300 a 400 ms de altura, entre el Cerro Cristo y el Cerro de los Tres Techos. Las paredes son verticales.


Río Guadalhorce a su paso por el Hoyo del Valle.

Como siempre, hacemos un uso intensivo de las cámaras fotográficas.


En el mirador de las buitreras.

Hay una vereda bien conservada que nos acerca a la cumbre. El suelo está húmedo y forma una mullida alfombra de color verde.


Aristoloquia baetica.

Trepamos hasta la cumbre por una especie de escalera rocosa en la parte sur aunque, al este hay un paso mucho más cómodo. Siempre es divertido una pincelada de aventura.


Llegando a la cumbre del Convento.

Una vez en la cumbre, y a pesar de la bruma, podemos apreciar el Embalse de Guadalteba, el Desfiladero de los Gaitanes, la Sierra Llana (con sus sabinas centenarias), el Cerro Pardo repoblado de pino carrasco, con las Cuevas Pardas ocupadas por ganaderos permanentemente, desde la época musulmana hasta el año 1958; el inexpugnable Cerro Cristo formando la pared oeste del 3º cañón...


Cumbre del Pico del Convento.


Cerro Cristo al fondo. Tras él, la Mesa de Villaverde.

Una vez que descendemos de la cumbre, nos dirigimos hacia la presa del Embalse de Gaitanejos. Si volvemos la vista atrás, podemos apreciar la estilizada elegancia que el Pico del Convento presenta desde el este.


Pico del Convento.

Y al otro lado del Embalse de Gaitanejos, en Cerro Pardo, se alza el curioso Arco Gótico modelado en sus areniscas. Encontramos diversos abrigos ocupados por el hombre desde la época Neolítica.



Abrigos Neolíticos y Arco Gótico, al fondo.

A la entrada de un túnel en la carretera, nos detenemos durante un instante para saborear los "ochíos" que siempre nos ofrece Alejandro. El ochío es originario de Úbeda (Jaén) y consiste en una masa de pan de aceite de oliva, matalauva y pimentón, a la que puede dársele distintas formas (mollete, picos...). El nombre le viene por ser la octava parte de un pan. Hoy en día existe una polémica con la Real Academia de la Lengua Española porque ésta lo escribe con h: "Hochío".


Los dulcísimos "ochíos".


El Arco Gótico.


Narciso. Narcissus cantabricus.

Una vez en la presa del Embalse de Gaitanejos podemos darnos cuenta de la gran cantidad de agua que lleva el Río Guadalhorce. La presa se encuentra rebosando.


Presa del Embalse de Gaitanejos.

Un poco más abajo, una gran cascada abre nuestros sentidos a las maravillas de la naturaleza. Y, a las puertas del primer cañón del Desfiladero de los Gaitanes, los restos de la antigua presa que fue destruída parcialmente por una avenida de agua durante una gran tormenta en 1921.


Antigua presa al inicio del Desfiladero de los Gaitanes.
Arriba, inicio del Caminito del Rey.

Nos acercamos a la presa con extremo cuidado y, probablemente, con mucha negligencia. Da miedo estar en esta zona porque cualquier pequeño resbalón en el suelo húmedo podría tener con toda seguridad un desenlace fatal. La corriente es muy rápida y el ruído estremecedor.


La antigua presa destruída en 1921.

Subimos ahora hasta el inicio del Caminito del Rey cuyo paso está cerrado por el peligro que constituye actualmente, habiendo ocurrido varios accidentes de escaladores que han caído al cauce desde las paredes verticales del cañón. Además, se han perdido tramos de la baranda de hierro que limitaba el camino y se han producido grandes boquetes en el mismo. En el año 2002, para evitar más accidentes, Sevillana optó por la voladura del tramo inicial y final del Caminito del Rey. Una puerta enrejada obstruye el paso en esta zona.


Parte inicial del Caminito del Rey.

Desde el lugar donde nos encontramos, hay, por lo menos, 25 ms de caída hasta el cauce. Nos embarga una sensación vertiginosa al asomar la cabeza para ver la fuerte corriente del agua.


Desfiladero de los Gaitanes y Caminito del Rey.

En la otra vertiente del río, hay unas placas indicadoras del nivel que alcanzó el agua en 1941 y 1949. Resulta increíble.


Desfiladero de los Gaitanes.


Botón de Oro. Ranunculus rupestris.


Cascada del Río Guadalhorce.

El regreso no lo hacemos por el túnel sino que seguimos la cola del Embalse de Gaitanejos por una preciosa vereda hasta salir nuevamente a la carretera.
A nuestra espalda vemos lejano los Filares de Sabinal, en la vertiente norte del Tajo de Ballesteros. En ellos se encuentra uno de los sabinales (Sabina mora "Juniperus phoenicea") más antiguos y hermosos de Andalucía.


Filares de Sabinal.


Vereda junto al Embalse de Gaitanejos.

El atardecer sobre el Embalse del Conde de Guadalhorce es soberbio. El ambiente se llena de calma.


Embalse del Conde de Guadalhorce.

Nos hacemos fotografías en el Sillón del Rey.

Sillón del Rey.

El 21 de mayo de 1921, el Rey D. Alfonso XIII, tras un almuerzo en la Casa del Administrador, colocó la última piedra de la obra del Embalse del Chorro, firmando el acta de finalización de la obra en un hermoso conjunto de sillones y mesa de piedra, junto a la presa, denominado Sillón del Rey. Este conjunto fue arrojado a las aguas del embalse durante la Guerra Civil, siendo recuperado posteriormente.


Sillón del Rey.

Toda la zona de los Gaitanes se relaciona históricamente con la figura de Omar ben Hafsun y con la presencia de Bobastro en las Mesas de Villaverde. Protagonista de la rebelión más importante contra el estado Omeya a finales del siglo X, llevó a cabo, junto con sus hijos, el considerado como último intento de Al-Andalus de mantenimiento de los privilegios de tipo feudal por parte de la aristocracia de origen hispano-godo.

Hay mucha literatura sobre el Desfiladero de los Gaitanes pero recomiendo de forma especial a quienes puedan estar interesados en el tema, el libro "Los Gaitanes. El Chorro", de Manuel Romero González. Aneax ediciones.