jueves, 6 de octubre de 2011

El Cisne. Domingo, 25 de Septiembre de 2011.

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Fernando, Juanlu, Sandra y Antonio.

El 26 de abril de 2009 nos encontrábamos en el pueblo de Frigiliana para ascender al Cisne, un pico emblemático enclavado en el corazón de la Sierra Almijara. Las previsiones eran de tormenta a partir de las dos de la tarde. A las 9 de la mañana caían algunas gotas y las nubes tormentosas que avanzaban lentamente hacia nosotros desde el oeste no presagiaban una buena subida a ese pico. Ya lo habíamos subido previamente en los inviernos de 1995 y de 2002. Tuvimos una "sesión montañera" de urgencia y decidimos no aventurarnos por la malísima pista forestal de acceso al Cisne y ascender en su lugar al Fuerte de Frigiliana. Los coches estarían aparcados en el pueblo que quedaría a nuestros pies en caso de unas malísimas condiciones meteorológicas. Por supuesto llovió y nevó. Sí, nevó. Una vez en la cumbre, la presión atmosférica bajó súbitamente, nos quedamos helados y, minutos después, una capa blanca tapizaba la sierra a nuestro alrededor.

Pero... esa es otra historia que ya quedó reflejada en el blog. ¿Por qué la refiero?
Porque se nos quedó la "espinita" de subir al Cisne. Varios miembros del grupo no lo habían hecho antes y tenían mucha ilusión en ello.

Hoy la temperatura es agradable y el cielo está despejado; no se esperan tormentas y la ilusión de antaño se ha multiplicado por mil. Y aquí estamos.

Desde Frigiliana nos dirigimos por la cara oeste del Fuerte, pasando por el cruce del Acebuchal (aprovecho para saludar a mi querido amigo Antonio y a su familia que regenta un magnífico restaurante rural en esta paradisíaca aldea) hasta el Collado de Páez Blanca. De aquí nos dirigimos por una pista infernal sólo apta para 4x4...y...y..., hasta el cruce de Venta Panaderos y de la balsa-helipuerto del Río Higuerón. En total, unos 14 km en coche, 10 de ellos por la pista. Se hacen en unos 45 minutos por la dificultad del terreno.

Decidimos dejar los coches en el cruce y comenzar la ruta descendiendo a la balsa.



La "Puerta del Cisne". Al fondo, el pico de los Machos.


Hacia la balsa-helipuerto. Lucero, a la izquierda y los Machos, a la derecha.

Atravesamos dos afluentes del Río Higuerón: el Barranco del Atajo y el Arroyo de las Angustias.


Pepe sorteando el Arroyo de las Angustias.

El Cisne emerge como una cuña hacia el Cielo. El agua mansa de la balsa refleja la cumbre del Cerro Pichirri. Viene a mi memoria la historia del gran macho montés albino buscado por forestales y también por cazadores furtivos hace unos 15 años. La última vez que fue visto fue precisamente en este cerro cuya cara este cae hacia el Río Higuerón. El gran macho albino forma parte de la leyenda de estas sierras.


El Cisne.


La balsa y el Cerro Pichirri.

El último miembro que se ha incorporado al grupo es Rodrigo, apodado por Juanlu "Pequeño Cid". Quiere subirlo todo al mismo tiempo. Elige los pasos más peligrosos, las rutas más difíciles. Parezco un abuelo... pero me recuerda mis
comienzos en el montañismo hace 20 años. Yo quería subir por los cortafuegos porque llevaban directamente a las cumbres de las montañas. Los compañeros veteranos del Grupo Andax, Lourdes, Pepe, Javier y Juan Manuel, me enseñaron que para llegar a sus cumbres disfrutando existía un método que era el ascenso en zig-zag. Por supuesto que les hice caso. Pero al "Pequeño Cid" le hierve la sangre joven y no hace caso a pesar de nuestras advertencias. Y pasa lo que tiene que pasar: se queda enriscado, sin poder subir ni bajar, preguntándose por el lío en que se ha metido.


"Pequeño Cid" enriscado.

El Lucero se ve imponente al norte.



Lucero y Lucerillo.

Pasamos junto a una roca aislada a la que mi imaginación le dio el nombre hace años de "El Dedo" porque se parece , más o menos, a la "Roca del Teide". Sí, esa que sale en todas las postales de Tenerife... ¡Ojo!, es un nombre dado por mí como referencia en mis anotaciones. No lo busquéis en los mapas. Cada uno podéis llamarla con el nombre que mejor os parezca. Probablemente y con más rigor, debería llamarla "Roca del Cisne". O, a lo mejor, "Roca de la Belleza". ¿Por qué...? Mirad la próxima foto...


El abuelo flanqueado por detrás por "El Dedo" y, a los lados, por "la Belleza".


Juanlu y Sandra ascendiendo cerca de "El Dedo" (detrás de Juanlu).

El ascenso es continuo, no hay ni un sólo tramo horizontal. La vereda es un continuo derrubio de piedras. Ya sabéis... "un paso palante y dos patrás..."


Un pequeño descanso a la sombra durante la subida.

Al Cisne se le conoce también como "Las Hermanicas". Creo que porque su cumbre está formada por dos picos casi simétricos con un collado enmedio.

Vamos alcanzando una altura desde la que se puede apreciar un magnífico paisaje montañoso: el altivo Cerro de las Tres Cruces, el Lucero, la Maroma...


Cerro de las Tres Cruces, detrás. A lo lejos, y a la derecha, la Atalaya.

Caminamos hacia el este, en dirección a un pinar en un collado. En ocasiones anteriores, nuestra ruta de subida al Cisne ha sido precisamente por ahí, llegando al collado, girando a la derecha y entrando por un estrecho embudo de intensa pendiente ascendente, hasta la máxima altura que se encuentra en el pico meridional. Pero en esta ocasión elegimos una alternativa. Cambiamos bruscamente de dirección dirigiéndonos hacia el sureste, bordeando el inmenso farallón rocoso al norte de la montaña para salir a una pequeña llanura entre los dos picos del Cisne, frente al embudo citado más arriba.


Farallón del Cisne en su cara norte.

La pendiente es pesada y dura por la existencia de mucha roca suelta. Junto a Juanlu, cierro fila. No queremos que nadie quede por detrás nuestra.


Juanlu y yo guardándole las espaldas al grupo.

Poco a poco vamos llegando a la base de la montaña. Lute, Javi y Rodrigo la acometen directamente ascendiendo por el propio farallón no sin algunas dificultades. Los demás decidimos bordearlo.


Juanlu llegando al macizo del Cisne.

Poco después podemos ver a los tres caminar por la cresta muy cerca ya de la cumbre.


Javi y Rodrigo en la cresta.

Diez minutos después van llegando a la cumbre los demás miembros del grupo.


Javier en la cumbre del Cisne.


Cumbre del Cisne.

El Cisne tiene una altura de 1.482 metros. Hemos tardado 3 horas en el ascenso. El desnivel subido es de 750 metros. En su cumbre, el Grupo de Senderismo Manganillos de Vélez-Málaga, colocó un buzón de montaña el 19 de febrero de 1995. Aún se conserva en muy buen estado. Por cierto, aunque el nombre del grupo induce a pensar en el "latrocinio" nada más lejos de la realidad. No he encontrado el significado de "manganillo" en el Larousse pero sí de "manganilla" que es una vara muy larga de la cual sale otra más pequeña para la recolección de las bellotas.

En el buzón hay un montón de notas de distintos grupos que han ascendido hasta aquí, fechadas desde febrero de 2008. Grupos de Mijas, Fuengirola, Cómpeta, la Cala del Moral, Frigiliana, Almuñécar, Utrera... Una tarjeta del "Comando Perro Burgués", de la Línea, y otra del Grupo Mendiko Lagunak de Araba (Álava) que firman Isabel, Carlos y Roberto. Desde este blog... ¡saludos, montañeros!

Por supuesto que nosotros también dejamos nuestra tarjeta del Grupo.


Tarjeta del Grupo Andax.

Una vez hechos los honores a todos los montañeros que han subido al Cisne, nos acomodamos entre las rocas y nos disponemos a comer algo. Algunos aprovecha mos para hacer fotos.


En la cumbre.

El "Pequeño Cid", tras la batalla, busca un buen lecho rocoso para echar un sueño.


Rodrigo, el "Pequeño Cid".

Nos rodean diversas montañas de la Sierra Almijara: Los Machos, Lucero, Navachica, Cuervo, la Cadena, Sierra de Enmedio, Tajo Castillejos, Fuerte de Frigiliana, Cerro de las Tres Cruces...
La vista es impresionante porque nos encontramos en el mismo corazón de esta sierra.


Cerro de los Machos y Puerto de Frigiliana.


Javier junto al buzón del Grupo Manganillos.

Nos vamos haciendo una foto en la cumbre de uno en uno. Juanlu comienza a hacer tonterías con su cámara de fotos y tengo que lanzarle mi sombrero a la cabeza a ver si con el golpe su única microneurona comienza a funcionar otra vez. Por cierto, es tal la cantidad de insignias metálicas en forma de pin de parques naturales, de animales y plantas endémicas que tiene mi sombrero que debe hacer bastante daño el recibir un golpe de él. ¡Pero nada...! Sigue igual.


Lanzándole mi artillería a Juanlu.

Finalmente, decide hacer algo útil y comienza a preparar su cámara para hacer una panorámica de la sierra. ¡Ufff, por lo menos nos dejará tranquilos 2 minutos...!


Panorámica del Valle del Higuerón con la Sierra de Enmedio y el Fuerte de Frigiliana.


Foto del Grupo.

El descenso del Cisne lo haremos por el embudo de la parte este. Descenderemos con mucho cuidado y giraremos más tarde hacia la izquierda para llegar al collado con el pinar. En la pared izquierda del embudo hay un abrigo que constituye una buena protección tanto en época de calor intenso como en época de lluvias.


Intensa pendiente en el embudo.


Llegando a la parte final del embudo.

El descenso desde el collado de los pinos es prácticamente un paseo. Nada que ver con la dura pendiente pedregosa de la subida. Al frente, el Cerro de las Tres Cruces acapara todas las miradas. Lo hemos subido en un par de ocasiones, los años 2000 y 2008.


Cerro de las Tres Cruces. Pista a Venta Panadero y pista a la balsa/helipuerto.


El Cisne y el collado del pinar.


Cerca ya de la balsa y del helipuerto del Río Higuerón.

Nos refrescamos ansiosos en el cauce del Arroyo de las Angustias y, poco después, ascendemos por la pista forestal hasta los coches.


Inma y Sandra tras refrescarse en el Arroyo de las Angustias.


Track de la ruta al Cisne.


Perfil de la ruta al Cisne.


Cumbre del Cisne.


Perfil de la ruta:

Distancia recorrida: 8.170 metros.
Desnivel: 750 metros.
Tiempo total: 6 horas y 15 minutos.
Dificultad: alta.






lunes, 12 de septiembre de 2011

Rápel en el Barranco de los Tajos Lisos. Miércoles, 10 de agosto de 2011.



Comentarios: Antonio Arana.

Fotografías: Antonio Arana y Juanlu.

La ruta de hoy es un poco especial. Queremos recorrer el Barranco de los Tajos Lisos, en Canillas de Aceituno. Un barranco que en verano permanece seco. Llevamos una cuerda de 30 metros, otra de 20 y, una última, de 15 metros. Vamos cuatro miembros del Grupo Andax, cada uno con su arnés, "ocho" y varios mosquetones. No sabemos lo que podemos encontrarnos.

La idea es recorrer dicho barranco desde la parte norte del Peñón Grande de Canillas de Aceituno hasta la Cueva de la Fájara y la primera poza del Río Bermuza. Para ello, hemos dejado un coche a unos 500 metros de la poza y, el otro, junto al campo de fútbol del pueblo.

09.10 horas. Comenzamos la ruta a los 726 metros de altitud, ascendiendo la pista forestal que bordea el Peñón Grande de Canillas (1.242 ms) por el oeste, en dirección al Mirador del Castillejo. En la ruta anterior reflejada en este blog, ya comenté la existencia bajo el espolón rocoso del mirador, de un túnel natural que lo atravesaba de noreste a suroeste. Yo no lo conocía pero Juanlu y Lute sí. Y hoy quiero verlo y recorrerlo como inicio de nuestra aventura.


En el interior del túnel.

10.00 horas. El túnel es completamente rocoso y tiene unos diez metros de recorrido. En la entrada tiene acumulada una gran cantidad de rocas pequeñas colocadas una encima de otra, probablemente por algún pastor aunque en el suelo del túnel no se aprecian excrementos de cabras o de ovejas.


Salida hacia el suroeste.


Juanlu, Lute, Javi y yo.

Volvemos a recorrer el túnel, esta vez en sentido contrario, y vamos descendiendo por el abrupto terreno de matorral mediterráneo y pinos hasta el cauce del arroyo que aflora al Barranco de los Tajos Lisos por el sur. Aunque nosotros, nos dirigimos en dirección contraria al barranco para explorar la cascada que nos encontramos el pasado día 6, decidiendo en aquél momento regresar ante la temperatura sofocante y no haber llevado cuerdas.

Una vez que llegamos a dicha cascada, vista desde abajo "no se ve tan fiero el león". Sin utilizar las cuerdas, la subimos y bajamos.


Final de la cascada.

Y ahora sí comienza de verdad la aventura. Desconocemos si existen otras cascadas o si el barranco está bloqueado o presenta algún otro obstáculo insalvable.

10.55 horas. Nos encontramos una primera cascada vertical de 7 metros de altura. ¡Bien! Al menos, le daremos uso al material de escalada que traemos. Nos colocamos los arneces y Lute quiere ser el primero en realizar el rápel.


Primer salto.

La adrenalina comienza a acelerarnos el ritmo cardíaco. Es el momento en el que comienzan a asaltarnos las dudas sobre el material que traemos: los arneses tienen ya unos añitos... las cuerdas parecen estar en buen estado pero... ¿y si no es así? Esta cascada es pequeña aunque suficiente para rompernos la cabeza contra las rocas... pero... ¿y si encontramos otras de 15 ó 20 metros...? ¿Estaré a la altura de los demás compañeros...?

Ahora me toca descender a mí. El corazón a 120 latidos por minuto y, sin embargo, sin sensación real de miedo. Aunque sí con una ansiedad razonable.


Primer salto.

Uno detrás de otro vamos rapelando esta primera cascada. Juanlu es el último en hacerlo. Es un buen escalador pero, sobre todo, un gran compañero. No deja de animarnos y de observar el anclaje que hacemos con la cuerda al "ocho" antes de descender, dándonos continuas instrucciones por si se presentara algún problema serio. ¡Gracias, tío!


Primer salto.

11.10 horas. Poco después encontramos otra cascada de 5-6 metros que descendemos sin problemas. Lute va protestando porque quiere más emoción. Hace poco tiempo ni sabía escalar. Y ahora es el primero en lanzarse.


Segundo salto.

11.22 horas. Comienzan las emociones fuertes. Nos topamos con un salto de unos 25 metros con una cornisa en su parte media que permite descenderlo en dos veces.


Tercer salto.

Me arrepiento de no haber traído el GPS. Me gusta obtener el máximo de datos de cada ruta para su análisis posterior. Pero pensé que la ruta de hoy se trataba de un simple paseo por un simple arroyo y lo he dejado en casa. Los demás compañeros tampoco lo han traído, ni siquiera sus cámaras fotográficas. A pesar de no tener el GPS puedo obtener un dato completamente fiable: ¡¡¡ mis 140 pulsaciones por minuto !!!


En la cornisa del tercer salto.


Descendiendo hacia la cornisa del tercer salto.

Una vez que estamos todos en la cornisa, Juanlu revisa el anclaje existente en la roca para descender el segundo tramo de la cascada. Hay colocado un espit que se mueve levemente cuando Lute emplea su fuerza para comprobarlo. A pesar de que no parece existir riesgo, Juanlu procede a colocar un Parabolt. La seguridad debe ser del 100%.


Javi descendiendo el segundo tramo.


Segundo tramo del tercer salto.


Segundo tramo del tercer salto.


Llegando al final del tercer salto.

Una vez abajo, tiramos de la cuerda con cuidado y dando una voz de aviso porque aquélla en su caída puede hacernos daño.

Nos encontramos prácticamente en el centro de un precioso e impresionante cañón: el Barranco de los Tajos Lisos que recoge el agua de toda la parte sur-occidental de la Sierra Tejeda, desde la zona cercana a la Casa de la Nieve, los Tajos del Púlpito, los Charcones y los Tajos Lisos, con una dirección noreste-suroeste.

Aunque el descenso lo haremos por la parte izquierda, decidimos adentrarnos y explorar un poco la parte derecha (nororiental) del cañón. Tras unos centenares de metros recorridos sin observar ninguna cascada en el cauce (aunque sí laterales), regresamos hasta el pie del tercer salto para continuar en dirección contraria.

Tenemos la sensación de que ya no vamos a encontrar más cascadas de envergadura porque el cauce se hace horizontal.
12.35 horas. O esa es la impresión que teníamos porque pronto llegamos a otro salto de unos 12 metros.


Cuarto salto.

Todos los saltos están equipados para el rápel aunque comprobamos los anclajes uno a uno. Éste lo rapelaremos por la parte izquierda. En unos utilizamos la cuerda en simple y, en otros, en doble. De esta segunda forma la resistencia es mayor en el "ocho" y el descenso se hace más lento. Alguien se da cuenta de que una de las cuerdas está desflecada en una parte, como si tuviese una casi imperceptible sección superficial. No corremos riesgos y cortamos un trozo de cuerda de 6 metros quemando posteriormente el extremo de la misma.


Contemplando al "maestro".

Vamos bromeando por el cauce seco. En cada curva del barranco nos parece que se encuentra ya la Cueva de la Fájara.

13.05 horas. De pronto, Lute, emite un grito de sorpresa mostrando su felicidad por la nueva cascada que tendremos que descender: 30 metros. Cuando me acerco a ella y miro hacia abajo con sumo cuidado, noto mi corazón en la garganta a 180 latidos por minuto. Durante unos segundos decido con pleno convencimiento que yo no bajo por ahí. Pero entra en juego la psicología de Juanlu que me pregunta "¿cómo estás?". A lo que respondo automáticamente y sin ninguna duda "bien, bien...", firmando así mi sentencia de deceso... digo...de descenso.

Este salto no es apto para cardíacos ¡palabrita! Hay que tener la sangre un poco fría para hacerlo.
Lute, enervado como un niño ante una aventura, mira por enésima vez el abismo con deleite, se fija a la cuerda y comienza a descender. Los demás nos quedamos a unos metros del borde de la cascada porque la sensación de vértigo es impresionante.


Quinto salto.

Un minuto de angustia después, Lute nos avisa que ya ha bajado. Javi me mira..., yo lo miro... y con un rictus en su cara claramente interpretable ¡¡¡MIEDO!!! le echa valor y decide bajar en segundo lugar. Yo continúo mirándolo, agradecido. Pero también con cierta envidia porque iré después de él...


Javi a punto de rapelar el quinto salto.

Se oye poco después la voz de Javi diciéndonos a Juanlu y a mí que ha llegado. Y se le oye alegre, ya relajado por la intensa tensión a que ha estado sometido. Yo ya no sé si lo que me aprieta la garganta es el corazón o mis partes nobles que quieren subirse a ella porque no quieren descender la cascada.

Juanlu me pregunta si quiero bajar ahora o prefiero hacerlo el último. ¡¡¡El último...!!! La sola idea de ese solitario concepto me da pánico. Con total tranquilidad "exterior" y con un algo de indiferencia, le digo a Juanlu que bajaré yo. Él me mira asintiendo. ¿Sabrá lo que siento? ¿Estará viendo esas dos "bolitas " en mi garganta?

Intento que no se me note la torpeza de mis dedos al introducir la cuerda en el "ocho". Y como un verdadero experto en escalada (lo que no soy), reviso todo lo revisable en el equipo y, como si le hiciera un favor, le digo "¿lo ves todo bien, Juanlu?", empleando un tono de voz falsamente lleno de testosterona. Él mira la sujección y me dice que sí. Y entonces es cuando el corazón se me pone a 200 latidos por minuto. Los primeros metros son los más difíciles; después, todo parece convertirse en automático, y en un minuto me encuentro entre Lute y Javi con una risilla tonta en las comisuras, mientras me digo a mí mismo que estoy hecho un TÍO (sí, con mayúsculas) a mis 54 años..., esperando que no haya más "sorpresas" en la ruta...


Quinto salto.

Mi cámara de fotos, unas veces se la queda Juanlu para hacernos fotos desde arriba y, otras, la bajo conmigo para hacerle yo fotos a él cuando desciende.


Quinto salto.

13.30 horas. Encontramos otra cascada o, mejor dicho, "cascadilla de ná...", visto lo visto, con unos 5-6 metros de altura. La hacemos de una manera rápida, como si le perdonásemos la vida.


Sexto salto.

13.40 horas. Otra cascada más, la séptima, de unos 4 metros de altura pero con una poza llena de agua putrefacta a sus pies que se interpone en nuestro camino. No tiene dificultad pero hay que hacer un quiebro durante el descenso para no caer en la poza. Unos metros después hay que hacer otro pequeño rápel.


Séptimo rápel.


Preparándome para el séptimo rápel.

En este tramo del barranco hay varias marmitas casi colmatadas por piedras de derrubio. La última marmita tiene una nueva sorpresa: su borde distal limita una caída de unos 10 metros, aproximadamente. A nuestra izquierda, en la pared rocosa observamos un pasamanos de acero de cuyo estado de conservación no nos fiamos. Lute, a pesar de todo, lo pasa hasta una cornisa que se dirige a la izquierda del barranco por la que podría obviarse el rápel de la cascada. Pero el paso es peligroso y la caída mortal, por lo que localizamos el anclaje en la roca y procedemos a rapelar la cascada.


Descendiendo a la última marmita. Pasamanos a la izquierda.

13.50 horas. Lute, asegurándose con la cuerda, explora el mejor paso para el descenso porque en la pared de la cascada crecen adelfas que podrían provocar alguna complicación.


Octavo rápel.

Ya abajo, Lute va dirigiéndonos los pasos. Cuando me uno a él me dedico a hacer fotografías mientras él asegura la cuerda manteniéndola extendida pero sin tensión, para evitar posibles caídas.


Octavo rápel.

Juanlu desciende con un estilo muy particular: sentado de frente a la caída. Otras veces lo hace de pie, pero también de cara al vacío. Él puede hacerlo. Yo, no.


El estilo "Juanlu". Octavo rápel.


Octavo rápel.

14.20 horas. El cauce se hace interminable porque una novena cascada de, al menos, 20 metros de altura se interpone ante nosotros. ¡Y la Cueva de la Fájara sin aparecer...!


Noveno rápel.


Noveno rápel.

Juanlu se queja de que se le queman las palmas de las manos durante el descenso. Mi mano y antebrazo derechos están muy doloridos. Tuve varias fracturas en ella y una sección completa de un ligamento del pulgar hace 3 años. Y la estoy forzando hoy un poco más de lo necesario.

15.00 horas. Por fin parece que llegamos a la parte final del barranco. Llevamos 25 minutos sin encontrar más saltos. Aunque cinco minutos después nos vemos obligados a asegurarnos a un pasamanos para sortear una parte muy dificultosa en el río con pozas de agua estancada.


Por el pasamanos.

El cañón hace una curva en ángulo recto hacia la izquierda (al sur) y esa es la señal de que la Cueva de la Fájara está ya muy cerca.

A las 15.25 horas nos encontramos junto a la surgencia de la cueva que da inicio al Río Bermuza.
Mi corazón ha recuperado sus 70 latidos por minuto habituales.


Junto a la surgencia de la Cueva de la Fájara.

Es un verdadero placer andar sobre la acequia flanqueada por adelfas, zarzamoras, espadaña, brezo...


Brezo blanco. Erica arborea.

15.40 horas. Minutos después atravesamos el puente sobre el Río Bermuza, de construcción tosca, probablemente medieval, junto a un gran nogal que conocí hace tiempo en todo su esplendor y, ahora, está completamente seco.

15.50 horas. En diez minutos nos encontramos cambiándonos de ropa junto al coche.



El perfil aproximado de la ruta es el siguiente:

Distancia total recorrida: 5.500 metros.
Recorrido por el Barranco de los Tajos Lisos: 2.300 metros.
Desnivel en ascenso: 250 metros.
Desnivel en descenso: 530 metros.
Tiempo total: 6 horas y 30 minutos.

Sería interesante volver a realizar el descenso del barranco con GPS para obtener datos más completos y fidedignos de esta maravillosa y apasionante ruta. Os emplazo a todos en breve para hacerlo.