miércoles, 3 de agosto de 2011

La Maroma. Ruta nocturna con luna llena. 17 de Julio de 2011.

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Juanlu.

Hoy me es difícil la narración de esta ruta a la Maroma, de noche, con luna llena... porque yo no pude ir con el grupo. Una sobrecarga en el pie izquierdo me dejó en tierra. Pero, como dice Juan Vázquez Rengifo, soldado y cronista en el ejército de Arévalo de Zuazo, en su libro "Grandezas de la Ciudad de Vélez y Hechos Notables de sus Naturales", escrito a principios del siglo XVII, sobre la rebelión de los moriscos en la Axarquía del año 1569: "Y así digo que es evidente y cosa clara que muchos de los escriptores y cronistas que han escripto historias altas y verdaderas, algunas cosas dellas lo han hecho por tradición y relación de personas que de aquella materia hayan tenido noticia, y no porque todo lo hayan visto..."

Así que me he basado para ello en lo que me han contado algunos de los integrantes del grupo que sí tuvieron la inmensa suerte de realizar esa preciosa ruta.


Preparados para afrontar la Maroma.

La subida se realizó en 3 horas por el Robledal. El intenso calor en las primeras horas de la noche hizo sudar profusamente a todos los montañeros.

En el Collado de Rojas, a casi 1.600 metros de altitud, Pablo, agotado por el calor, tomó la decisión de no continuar el ascenso y esperar al grupo por la mañana en esa pequeña llanura. Por supuesto, Ana, su pareja, se quedó con él. Juanlu quiso hacerlo también pero fue enviado de manera contundente a hacer gárgaras a la cumbre. Pero antes de continuar el ascenso, les dejó comida y agua dándoles algunos consejos como montañero experto.

Poco después, Juanlu pierde el saco de dormir que comienza a rodar por un barranco entre pinos sin que ninguno de ellos pueda detenerlo. Lo busca sin encontrarlo y deja esa tarea para el regreso, ya con la luz del día.

A la una de la madrugada llegaron a la cima de la Maroma. El calor se convirtió, a 2.068 metros de altura, en una sensación de frío intenso progresivo, obligándolos a extender rápidamente los sacos de dormir, colocarse los forros polares y los pasamontañas, e incluso a masajearse los brazos para obtener algo de ese calor del que tanto habían renegado en la subida.


Frío en la cumbre.

Sobre las tres de la madrugada, un precioso zorro comienza a luchar con la mochila de Inma oliendo la comida que llevaba en ella. Cuando le pregunté qué manjares llevaba en su interior cuyo aroma los hacía irresistibles para el animal, me dijo que sólo llevaba bocadillos de embutidos... eso sí, "hechos con mucho cariño..." Y lo creo. Quienes hemos tenido la oportunidad de comer su morrete de setas o sus piononos, o degustar su arresol... sabemos de qué hablamos.


El zorro al acecho de la comida.

Fernando que tenía obligaciones hasta las primeras horas de la madrugada, realiza la subida solo y sin frontal, llegando a la cumbre a las 5 de la madrugada, no sin antes haber sufrido y dado, al mismo tiempo, un intenso susto a "la parejita feliz" que se quedó a la mitad de la ascensión. Me contó que al llegar al monolito de la Maroma, vio en la penumbra muchos grupos de montañeros ocupando los distintos vivac de piedras existentes a su alrededor y que no pudo distinguir ninguna cara conocida por lo que se arremolinó como pudo en el suelo rocoso, muerto de frío, esperando el amanecer. Éste no se hizo esperar mucho ya que a las cinco y poco más comenzó a atisbarse un blanco resplandor en el horizonte. Algunos compañeros, desperezándose, aprovecharon para hacerse fotos.


Primeras luces del amanecer.


Los madrugadores.

A las seis menos veinte, ya se encontraban todos con las mochilas a la espalda para hacerse una fotografía junto al monolito antes de emprender el descenso.


La última foto en la cumbre.

Y, poco después, comenzaba la verdadera magia de la ascensión: el anaranjado resplandor del sol naciente. Esa sensación a 2.000 metros de altura no puede describirse con palabras. Hay que estar allí para vivirla y grabarla para siempre en las retinas. Yo puedo describirla porque he tenido la oportunidad de apreciarla muchas veces en esa cumbre.


Amanecer desde la Maroma.


Durante el descenso.

El sol va tomando altura y la vereda ya se aprecia con suficiente claridad. Aparece el saco de dormir de Juanlu y continúan bajando para recoger a Ana y Pablo que ya despiertos les dicen a los demás con palabras llenas de emoción que un zorro joven ha dormido toda la noche junto a ellos, enroscado.

Ya juntos, continúan hacia el Puerto de las Loberas, no sin antes hacerse varias fotografías en la "Cabeza de Tortuga".


"Cabeza de Tortuga".


"Cabeza de Tortuga".

Y así aconteció la ruta que yo no pude hacer...

martes, 5 de julio de 2011

Cueva de la Fájara. 3 de julio de 2011.

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Antonio Arana.


Después de la última ruta realizada a la Sierra de las Nieves el 15 de mayo, iniciamos hoy la temporada de verano 2011. Eso significa que comenzaremos a planificar rutas de agua, cuevas y alguna ascensión nocturna a los picos más emblemáticos de la Axarquía.

Hace unos días, Juanlu me envió un correo informándome que iba a entrar por "enésima" vez a la Cueva de la Fájara (CA-1). Una cueva en la que yo nunca he estado y a la que siempre he querido ir. Se trata de la cueva más importante de toda la Sierra Almijara y Tejeda, detrás de la Cueva de Nerja. Tiene un kilómetro y medio de desarrollo explorado. El atractivo mundo de la espeleología me ha cogido algo mayor aunque también he hecho algunos pinitos: Cueva Oscura de Frigiliana, la Cueva del Agua en Canillas de Albaida, la Cueva del Cielo en el Río de la Miel, la Cueva del Lobo Marino en los acantilados de Nerja, las Galerías Altas de la Cueva de Nerja y la Cueva del Berrueco en los Alcornocales, en Cádiz. Algo es algo, aunque me gustaría algo más...

He contactado con algunos compañeros del grupo que dada la premura de tiempo no han podido cambiar sus compromisos. Y me ha sido imposible contactar con otros. Sirva esta ruta de avanzadilla para hacerme una idea de cómo es la Cueva de la Fájara para poder hacerla en otra ocasión con el resto del Grupo Andax.

Iniciamos la marcha desde el pueblo de Canillas de Aceituno, pueblo donde se inició la rebelión de los moriscos allá por el año 1569. Nos dirigimos al Río Bermuza caminando por una vereda paralela al mismo, en dirección noreste.


Vereda hacia la Cueva de la Fájara.

Pronto nos vemos envueltos por una vegetación compuesta principalmente por adelfas (Nerium oleander), alfilerillos de la viuda (Trachelium caeruleum) y zarzas (Rubus fructicosus).

Debemos cruzar el Río Bermuza para continuar nuestro camino por la vertiente norte.


Entre adelfas y alfilerillos de la viuda.

En unos 20 minutos de marcha normal nos encontramos de frente con el amplio Abrigo de las Abejas (CA-4), utilizado hoy en día para guardar el ganado.

A la izquierda del mismo podemos apreciar una masa de adelfas de la que emergen varios ejemplares de almez (Celtis australis). ¿Quién no conoce las sabrosas "almencinas"?


Adelfas, almeces y Abrigo de las Abejas.

Pues, bajo el almez más cercano al abrigo se encuentra la entrada a la Cueva de la Fájara, totalmente camuflada entre la vegetación. Antes de entrar comprobamos nuestros frontales, las pilas de repuesto y nos colocamos cada uno lo que podemos sobre nuestras cabezas para evitar golpes en ellas con las estalactitas: unos se colocan una camisa de repuesto a la manera árabe; le dejo a mi hijo Antonio un casco y yo me coloco mi inseparable sombrero... Ya estamos dispuestos para la aventura.


Llegando a la entrada de la cueva.


Entrada a la cueva.

Una vez en la boca (10.30 horas), nos dirigimos hacia la derecha para, unos metros después, girar hacia la izquierda siguiendo por una recta galería en cuyo techo Juanlu señala una figura en la roca a modo de cabeza de rinoceronte. Recorridos unos 10 metros en sentido ascendente llegamos a una pequeña sala desde la que comenzamos a bajar por un suelo de fina arena blanca. En esta zona hay mosquitos y vamos todos manoteando.

Debemos caminar inclinados porque la pared de la izquierda forma una diagonal que nos obliga a hacerlo así.


La inclinación de la roca.

Torcemos a nuestra derecha y, poco después, encontramos un espeleotema a modo de una preciosa columna estriada.


Columna.

Unos 10 metros después nos topamos con otra columna, esta vez lisa. Se sigue al frente dejando un pequeño descenso a la izquierda, con un techo en diaclasa. Son las 11.16 horas. La marcha es lenta porque el grupo es numeroso. La galería se va estrechando tanto que nos obliga prácticamente a arrastrarnos, llegando tras recorrer una decena de metros en descenso, a una estrechísima grieta a nuestra izquierda por la cual es necesario pasar.


Estrechamiento de la galería.

Se hace del todo imposible llevar las pequeñas mochilas a la espalda porque nos quedamos retenidos por el roce con el techo de la cavidad. Algunos optan por dejarlas en esta zona para recogerlas al regreso.



Dejando las mochilas.

Podríamos haber obviado la estrecha grieta si hubiésemos continuado hacia la derecha, pero Juanlu nos dice que merece la pena hacer la ruta de esta forma. No protestamos y continuamos.


Pasando por la estrecha grieta.

Una vez flanqueado este difícil paso, nos encontramos en una pequeña sala en la que podemos ver algunos murciélagos arropados entre ellos. Nuestras luces los molestan y nos lo dicen con su claro lenguaje bucal. Y digo bucal porque nos enseñan unos colmillos que hacen que nos retiremos un poco y dejemos de hacerles fotografías.


Enseñándonos sus colmillos.

Desde aquí es necesario descender por una galería estrecha cortada en el centro, en su mitad inferior, por una aguda roca. Es un paso peligroso y hay que apoyar muy bien los pies, buscando al mismo tiempo pequeños resaltes en la roca lisa para agarrarnos con las manos y no resbalar. Son unos 4 metros de bajada. Giramos hacia la derecha arrastrándonos unos 12 metros por una galería muy baja hasta llegar a otra pequeña sala (11.34 horas).


Pequeña sala tras el descenso.

Al frente hay una diaclasa convergiendo sus paredes al fondo. A nuestra derecha aparece un laminador ascendente de unos 20 metros. Al final del mismo, techo y suelo están tan juntos que es casi imposible traspasar la angosta grieta que forman al converger. Pero el grupo está formado por chavales jóvenes y delgados, consiguiendo pasar aunque con gran dificultad y con la inestimable ayuda de Juanlu, todos los componentes del grupo menos tres: Yesica, Lute y... y... y... yo. Lo intento con todas mis fuerzas siguiendo los consejos de Juanlu desde la otra parte del laminador que va dirigiendo mis manos, mis piernas y el tronco, porque yo apenas puedo mover la cabeza, pero las estalactitas me arañan la espalda al tiempo que tengo las estalagmitas comprimiéndome el pecho. Expulso todo el aire de mis pulmones para en un último avance en apnea intentar zafarme de la fortísima presa a la que estoy sometido, pero me es imposible. La ce... la ce... la "cebada" ha engordado mi barriga unos cuantos centímetros desde el principio de verano. Pero es que está tan fresca y tan buena la cerveza "Alhambra reserva 1925... "


Inicio de la subida por el laminador.


El laminador se va estrechando cada vez más.


Juanlu y Antonio en la parte más difícil del laminador.


Detalle del difícil paso.

Le dejo mi cámara fotográfica a Juanlu porque no quiero perderme las maravillas que van a poder contemplar. Les deseamos suerte y, a las 12.17 horas, regresamos nuevamente los "gorditos" a la entrada de la cueva. Esta vez tomamos la galería alternativa para obviar la grieta estrechísima del principio. No encontramos ninguna dificultad y a las 12.34 horas notamos en nuestros rostros sudorosos y sucios de tierra la intensa calidez del sol. Estamos chorreando de sudor.

Nos dirigimos hacia una zona ensanchada del Río Bermuza junto a una surgencia al mismo que cae en cascada atravesando una alambrada interpuesta en el cauce entre adelfas y un alto algarrobo. Aquí nos disponemos a esperar al resto del grupo (12.40 horas).

A las 13.26 horas vemos llegar a una parte del grupo. Nos dicen que encontraron una galería con miles de murciélagos posados y que Juanlu, Javier y otro compañero la atravesaron en silencio y con apenas luces, comenzando a volar algunos murciélagos que desencadenaron el pánico entre los que quedaron atrás, regresando corriendo por miedo a la gran masa de quirópteros.

Unos 20 minutos después llegan los "héroes" contando maravillas de las diversas galerías que han recorrido. Mis dientes se van llenando de tierra de lo largos que se me ponen al escucharlos. Juanlu me dice que no se ha acordado de hacer ni una sola foto con mi cámara. ¡Ummm...!

Quiere realizar el regreso por el río y ninguno le presentamos objeciones. Nos vendrá muy bien refrescarnos. Nos hacemos la foto de grupo junto al algarrobo.


Foto de grupo antes de iniciar el regreso por el cauce.


Cauce del Río Bermuza.

Como siempre, voy tomando notas de los distintos hitos, los tiempos, la flora...


Bloc y bolígrafo en las manos.

Llegamos sin problemas a una profunda poza que es necesario atravesar. Vamos pasándonos las mochilas como podemos para evitar que se mojen los móviles, las cámaras de fotos, el dinero, la ropa seca... que llevamos en su interior.


Maravillosa, fresca y profunda poza.

Mientras espero mi turno para saltar a la poza, fotografío en la húmeda roca un ejemplar de Papilio machaon sin vida. Es una lástima pues se trata de una de las mariposas más bellas que existen.


Papilio machaon.


Mochila en alto. Un metro más allá no se hace pie.

La poza tiene unos 2 metros de profundidad máxima. Por ella discurre una gruesa goma que recoge el agua de la parte más alta. Tiene el aspecto de una larga, sinuosa y negra serpiente.


Entrando en la poza.


El relax del agua fría.

Salimos a la acequia de la vertiente sur del río y, poco después, atravesamos un escondido puente que queda a la derecha, junto a un gran nogal y un cortijo abandonado, para darnos un baño fantástico en una poza maravillosa en un entorno paradisíaco.


El "Gran Juanlu".


Poza en el Río Bermuza.


El salto.

El agua está helada y el frío se deja sentir en la piel poniendo los pe... los pez... los pelos de punta.


Sandra, helada, con los "pe..." de punta.

A mí me gusta el agua fría. Hace unos quince años me bañé en la Laguna del Caballo, en Sierra Nevada, con el agua a +2ºC. Pude aguantar sólo 10 minutos pero fue un baño reconfortante. El problema fue que me lancé al agua desnudo y al salir "alguien" me hizo una foto en la que curiosamente salí sin pito. No sé qué me pasó.


Poza en el Río Bermuza.

Yo conocía ya esta poza por haber venido años atrás en varias ocasiones. La cascada es preciosa y forma un tobogán que invita a utilizarlo pero hay una gruesa rama de higuera que se interpone.


Junto a la poza.


La cascada y su tobogán.

Recuerdo que el puente, ahora casi desaparecido entre la vegetación, se alzaba majestuoso sobre el río a pesar de su tosca construcción.


El puente.

Tras pasar un rato muy agradable en el entorno de la poza decidimos regresar. A nuestro paso, los alfilerillos de la viuda contrastan con el resto de vegetación, de color verde.


Alfilerillo de la viuda (Trachelium caeruleum).


Alfilerillo de la viuda.

A las 15.30 horas nos encontramos ya junto a los coches cambiándonos la ropa mojada y el calzado. Ha sido una aventura estupenda. Pero prometo regresar un día con 2 kilogramos menos para ver la parte de la cueva que me ha sido negada hoy. ¡Palabrita...!


Final de la ruta.



Croquis topográfico de la Cueva de la Fájara. GES de la SEM (año 1998).

miércoles, 8 de junio de 2011

Torrecilla (Sierra de las Nieves). 15 de Mayo de 2011.



Comentarios: Antonio Arana.

Fotografías: Antonio, Jose Manuel y Guillermo.

Desde el 7 de marzo de 2009 no hemos pisado la Sierra de las Nieves. Estamos en plena primavera y algunos compañeros que no han visto nunca un pinsapo van a tener hoy la mejor ocasión para hacerlo.

Parte del grupo hemos quedado, como siempre, en el aparcamiento del hospital. Pero debemos recoger a otros miembros a la llegada a Málaga, en la gasolinera de El Limonar.


Gasolinera de El Limonar.

Nos distribuímos en los coches y nos dirigimos hacia Yunquera. Una vez en el pueblo tomamos una pista que sale detrás de una gasolinera, al final del mismo, llegando en unos 10 minutos al Mirador del Caucón, nuestro punto de partida a pie.


Mirador del Caucón.

Muy pronto tomamos contacto directo con los pinsapos. Jose Manuel va haciendo fotos sorprendido por la belleza de este árbol emblemático que no conocía. Es un árbol esbelto y elegante. Un endemismo de dos sierras malagueñas: Sª Bermeja (en Estepona) y Sª de las Nieves. También es una especie endémica de la Sierra de Grazalema (Cádiz).


Pinsapos. Abies pinsapo Boiss.


Pinsapo. Abies pinsapo Boiss.

Atravesamos el pinsapar de norte a sur, dirigiéndonos al Tajo de la Caína.


Vereda ascendente hacia el Tajo de la Caína.

Encontramos algunos ejemplares de peonia broteroi "Rosa maldita" aunque nadie sabe por qué razón se la conoce también con este nombre. Es un endemismo ibérico que antiguamente se utilizaba como remedio para las convulsiones aunque dejó de utilizarse porque era muy tóxica. Probablemente aquí se encuentra el quid de la cuestión.


Peonia broteroi.

Llegamos poco después a un pequeño mirador donde encontramos otras "rosas" preciosas.


Las "rosas".

Jose Manuel, "amante de la botánica" me pide que le haga una foto junto a esas rosas.


Me debes una...

La niebla nos acompaña al llegar al Tajo de la Caína donde hay construído otro pequeño mirador.


Tajo de la Caína.

Desde aquí puede contemplarse el Cerro Corona, al sur, y el Cerro del Chaparral, al oeste.

Ascendemos a la cumbre de la Caína para acometer después la Cañada de la Perra.


Cumbre de la Caína (1.391 metros de altitud).

La Cañada de la Perra nos acercará en su parte final a un pequeño collado desde el cual podremos ya divisar el Peñón de Enamorados. Pero antes pasamos junto a un gran pinsapo candelabro.


Guillermo con Bruno, su perro, junto a un pinsapo candelabro.


Cañada de la Perra.

La ruta de hoy es muy larga pero no nos impide tomarnos un pequeño respiro de vez en cuando.


Chema en la Cañada de la Perra.

Encontramos preciosos quejigos, algunos de los cuales caídos.


Fernando e Inma en un tronco de quejigo.

Pasamos junto a flores cuyo color morado contrasta de forma maravillosa con el verde manto herbáceo sobre el que se desarrollan.


Escila española. Hyacinthoides hispanica.

Hay también abundante heléboro fétido y doradilla o té de sierra guarecida en pequeñas grietas rocosas.


Junto a un quejigo.

En el pequeño collado al final de la Cañada de la Perra nos detenemos a comer. Algunos compañeros del hospital de la Axarquía aprovechamos el descanso para hacernos fotos.


Yunquera con Sierra Prieta y Sierra Cabrilla, al fondo.


Uli junto a un quejigo seco.

Poco después nos encontramos en la base del Peñón de Enamorados. La vereda llega desde el noreste.


Peñon de Enamorados.


Cumbre del Peñón de Enamorados (altitud 1.777 metros).

Ana quiere pedirle un deseo a San Antonio y qué mejor que hacerlo en la cumbre del Pico de Enamorados y en los brazos de un "Antonio". Le digo que yo tengo línea directa con "mi tocayo". Así que la cojo en mis brazos y para inmortalizar el momento nos hacemos una foto.


El deseo a San Antonio.

Entre unas cosas y otras; entre risas y posturitas... al bajar del pico se da cuenta de que no ha pedido el deseo... Lo siento Ana, si el santo no se entera no hay maromo.

Desde el Peñón de Enamorados se puede ver el Torrecilla, nuestra meta. Pero queremos hacer un "pequeño" recorrido alternativo a la vereda oficial. Nuestra intención es ascender a Cerro Alto, continuar hacia la Cueva del Oso, y de aquí dirigirnos al Pilón de Tolox para subir el Torrecilla.


Torrecilla. Delante, el macizo de la Cueva del Oso.

Esta es una zona dominada por los quejigos (quejigo andaluz o Quercus canariensis) que se alzan con formas fantasmagóricas. A veces se unen para dar más miedo.


Quejigos.


Cerro Alto (altitud 1.784 metros).

La subida a Cerro Alto se hace a través de un piornal (piorno azul o Erinacea anthyllis) de aspecto almohadillado aunque sus ramas terminan en afiladas e hirientes leznas, motivo por el que se le ha llamado irónicamente "cojín de pastor".


Por el piornal hacia Cerro Alto. Al fondo, el Peñón de Enamorados.

Bruno, el perro de Guillermo, no puede caminar por esta zona y ambos se vuelven para retomar la vereda oficial. Pepe, el jefe del grupo, con su generosidad de siempre se vuelve con él. Y lo hacen otros "generosos" como Silvia y Chema. Los "menos generosos" decidimos continuar por la ruta alternativa trazada. Y caemos en la trampa...


Vemos algunos ejemplares de cerezo silvestre.

Llegamos a la Cueva del Oso que es un gran macizo rocoso en cuya cara noroeste tiene dos abrigos desde los cuales pueden hacerse unas fotos preciosas con el Peñón de Enamorados contrastando a lo lejos.


Primer abrigo de la Cueva del Oso.


Primer abrigo de la Cueva del Oso. Peñón de Enamorados, al fondo.



Cueva del Oso.

Uli y Rocío que venían un poco retrasadas no aparecen. Es la primera parte de la trampa en la que caemos. Os explico. Mirad la siguiente fotografía.


Cueva del Oso (altitud 1.722 metros).

Los que marchábamos en cabeza bordeamos el macizo por la parte izquierda porque yo había estado antes en este pico y sé que los abrigos se encuentran en esa cara. Pero Uli y Rocío no nos ven porque caminaban detrás de una pequeña loma y bordean el macizo por la parte derecha. Resultado: jugamos al gato y al ratón durante 20 minutos, llamándonos a voz en grito, buscándonos, subiéndonos a la cumbre para otear mejor la zona, intentando contactar a través de los móviles que, como siempre, nunca tienen cobertura en la montaña... hasta que aparecen dos figurillas humanas muy al este de donde nos encontramos y con señales de mil maneras podemos comunicarnos y reunirnos.

Segunda parte de la trampa: el descenso desde la Cueva del Oso hasta un arroyo para dirigirnos hacia el noroeste y abocar a la vereda "oficial" que bordea el Cerro de la Plazoleta para llegar al Pilar de Tolox, es muy complicado al ser un terreno rocoso repleto de aulagas y de gran pendiente. Por lo que al llegar al arroyo, hay que sacar el botiquín para vendar alguna que otra rodilla, de lo cual se hace cargo Fernando, nuestro especialista en vendajes funcionales. Además, el cansancio va haciendo mella y algunos van pidiendo un relajado descanso.


Descendiendo hacia el arroyo.

Pero yo que soy muy malo, sólo permito un descanso de unos minutos. La razón: vamos muy retrasados, conozco el tiempo que aún nos queda para regresar al coche y sé que llegaremos anocheciendo, y, además, estoy viendo unas nubes amenazadoras que pronto cubrirán la ruta con una espesa niebla. Y contamos sólo con una linterna que ha traído Antonio Correa, nuestro otorrino. Pero no es suficiente... Así que seguimos, lentos por el dolor de rodilla pero sin detenernos.

Llegamos al Pilar de Tolox y los compañeros que siguieron la vereda oficial se encuentran ya bajando del Torrecilla. Nosotros dejamos las mochilas junto al pilar (no tiene agua potable) y comenzamos el ascenso. Previamente pregunto si subimos o no al pico dada la premura de tiempo, decidiéndonos únanimemente con un "sí" (el típico tópico "pues ya que estamos aquí...").


Ascendiendo al Torrecilla.


Cumbre del Torrecilla (altitud 1.919 metros). .

Todos queremos hacernos una foto individual en la cumbre y nos la hacemos pero no es práctico colocarlas todas en el blog por lo que hago una composición que es mucho más fácil y queda muy bien. O, al menos, eso creo yo.


En la cumbre del Torrecilla.

No hago más que mirar mi reloj. Hay que darse prisa. El grupo de "los generosos" inicia el regreso 25 minutos antes que nosotros. Llevo un walky y Pepe que va en el primer grupo, lleva otro. Pero son walkies "de la señorita Pepi" porque no hay forma de contactar. Y, sin embargo, sí puedo oír en el mío la jarana que están liando en la romería de Yunquera, con voces de "romeros" con unas cuantas copitas de más. Sólo voy cruzando los dedos para que con la noche encima Pepe no se despiste y consiga encontrar la vereda que baja hacia el Mirador del Caucón (donde tenemos los coches) y no continúe con su grupo hasta el Mirador del Saucillo muy distanciado del anterior.

Pasamos junto a Sima Gesm, la tercera sima explorada más profunda del planeta, con 1.100 metros de profundidad, descubierta el 23 de septiembre de 1972.


Boca de entrada a Sima Gesm.

La niebla nos envuelve con un denso y frío manto.

Conseguimos llegar a la Peña del Cuco, buscando la vereda del Mirador del Caucón más abajo de la misma, pero la noche ya ha comenzado a caer y nos cuesta trabajo encontrarla. Finalmente lo conseguimos. Paloma lleva la rodilla muy dolorida por la sobrecarga de la ruta.


Anochecer y niebla sobre el pinsapar del Arroyo de Zarzalones.

Última parte de la trampa: el buenazo de Pepe se ha despistado y se encuentra en el Mirador del Saucillo. Silvia ha podido comunicar conmigo a través de su teléfono móvil cuando han llegado allí. Nada de esto hubiese ocurrido si el grupo no se hubiese escindido en dos. Afortunadamente, son pequeños incidentes sin más gravedad.

Cuando llegamos a la Plataforma del Caucón tengo que ir en mi coche a recoger a los compañeros del primer grupo y regresar con ellos para que puedan coger su coche. Han sido listos y descendieron del Mirador del Saucillo hasta el carril con lo cual ganamos tiempo.



Perfil de la ruta.



Track de la ruta.


Perfil de la ruta:

-Recorrido total: 23.000 metros.
-Desnivel de ascenso: 1.019 metros.
-Desnivel de descenso: 1.069 metros.
-Tiempo total de ruta: 10 horas y 50 minutos (marcha lenta, incluídos descansos).
-Dureza de la ruta: alta.