lunes, 8 de agosto de 2011

Playa de las Doncellas. Acantilados de Maro. 31 de Julio de 2011.

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Antonio Arana, Alejandro y Juanlu.


¡Por fin 31 de Julio! Y digo ¡por fin! porque ya le queda menos al verano. No estoy en contra del estío pero... es que este año hace calor de verdad. El año pasado dominó el Levante y su frescura, y, este año, lo está haciendo el poniente.

Por ese motivo hoy haremos una ruta de agua. Y avanzo desde este momento que será una ruta muy light, típica de verano. Hace 2 años hicimos una ruta por los Acantilados de Maro y Bea no pudo venir. Le prometí entonces que la repetiríamos y en ello estamos.

Pasaremos el día en la Playa de las Doncellas. Desde hace más de una década la visito varias veces al año y me baño en ella. Es paradisíaca. Y solamente puede llegarse a ella a través de la montaña o por el mar. Eso hace que esté fuera del alcance de los domingueros.


Playa de las Doncellas. En verde, la ruta seguida.


Playa de las Doncellas.

Tiene una longitud de 50 metros y una anchura de 13 metros y se encuentra resguardada por el Peñón del Fraile, al oeste, y por el Peñón de la Torre Caleta, al este. En mi opinión es la playa más bonita de los Acantilados de Maro.

Como siempre, quedamos citados en el aparcamiento del hospital.


Fotografía de grupo.

Hoy Alejandro ha comprado churros que nos apresuramos a comer, si bien ya venimos desayunados de casa.


Los churros.


Alejandro repartiendo churros.


Todos haciendo un hueco en los estómagos a los churros.

Llevamos 2 piraguas y 4 kayacs para deleite del grupo.


Piraguas y kayacs.

Dije más arriba que a nuestra cala se llega sólo por la montaña o por mar. Me explico. En el límite de la provincia de Málaga con la de Granada, a unos 100 metros de éste, se puede acceder a la Playa del Cañuelo, si bien en verano sólo puede hacerse mediante un sistema de microbuses que acercan al dominguero, perdón... al bañista, a la misma playa mediante un módico precio: 2 € por dominguero, perdón... por bañista, ida y vuelta. Y esto es así porque dicha playa forma parte del Paraje Natural de los Acantilados de Maro y Cerro Gordo, con zonas marinas especialmente protegidas como son la pradera de posidonia y las praderas de zoosteras.

Nosotros nos aventuramos con los coches por la pista forestal que baja a la playa para dejar las piraguas y los kayacs en la orilla. Es inviable recorrer a pie los 1.200 metros de la pista cargando con ellos, sobre todo a la vuelta, debido al desnivel existente de 150 metros y a la enorme distancia. Así que nos encomendamos a la Pilarica, patrona de la Guardia Civil, para que no nos encontremos a ningún agente que nos multe por bajar con los coches. Si bien, debo aclarar que una vez descargadas las embarcaciones, subimos nuevamente los coches hasta la zona de aparcamiento junto a la estación de microbuses.

Los jóvenes son los encargados de llevar el avituallamiento (comida, cervezas, vino...) en las piraguas y kayacs hasta la Playa de las Doncellas, mientras que los veteranos descenderemos a pie con las mochilas, no por la pista, sino por una vereda que desciende hacia el sur, directamente hacia dicha playa. Pero antes es necesario esperar a que suban los coches tras la descarga.


Esperando para el descenso.

Una vez que todos los veteranos estamos juntos, comenzamos la ruta propiamente dicha. Son 1.200 metros de bajada con un desnivel de 150 metros. Hay tramos muy pendientes y resbaladizos por lo que llevamos botas de montaña. Hace 2 años comenzamos esta ruta en la Playa de Cantarriján, ascendimos el Cerro Caleta, visitamos la Torre Caleta y de allí descendimos a nuestra cala. Hoy vamos a hacer más corto el trayecto debido al intenso calor que hace.


El descenso hacia la playa.


Con el Cerro Caleta a nuestra espalda.

Por fin podemos apreciar la preciosa cala aunque aún no hemos terminado el descenso a la misma.


Los "cachorros" del grupo llegando a la playa en las piraguas.


Otro viaje de intendencia de los kayacs.

Acometemos la última parte de la ruta descendiendo por la pendiente de Levante del Peñón del Fraile.


Último descenso hacia la cala.


Tramo final del descenso.


Rozando ya el agua.

Una vez en la playa, nos desembarazamos rápidamente de las botas y de la ropa para disfrutar de un primer y merecido chapuzón. Poco después, cogemos las embarcaciones para recorrer la cala y sus alrededores. Longitudinalmente, la cala mide unos 200 metros hasta salir a mar abierto.


Bea disfrutando en la piragua.


Rejuveneciendo. Detrás la Cala de las Doncellas.

Bajo la Torre Caleta hay un pequeño arrecife que deja un estrecho paso por el que pasamos con los kayacs, una y otra vez.


Fernando a través del arrecife.


"Menda" por el arrecife.

Hay fotos que dicen despiertan la envidia "sana" en los demás. Y como soy un "cabroncete"... quiero despertaros algo de esa envidia...


¡Qué calor...!


Disfrutando en el agua.


Belvian.


Lute y Juanlu.

En la bahía del puerto de Copenhague se encuentra la escultura de "la Sirenita", símbolo de la ciudad, tallada en bronce por el escultor Edvard Eriksen que se inspiró en el cuento de hadas escrito en 1837 por Hans Christian Andersen, llamado la Sirenita.

Pues bien, en la Cala de las Doncellas tenemos también nuestra propia "Sirenita".


La Sirenita de la Playa de las Doncellas.

A ver qué se van a creer esos daneses con tanta historia... Como la de la "Dama desaparecida en el Chíllar 18 días..." Ummm... será mejor que me calle la boca para no crear un conflicto diplomático. ¡Ese sí que es otro "cuento"...!, digo... otra historia...

Voy a cambiar de tema. La siguiente foto va dirigida a los "incultos" que dudan que el mundo es redondo.


Jose hacia los confines del mundo.


Alejandro posando con "total espontaneidad..."


Y en esta foto, luchando cual Ulises en el arrecife de la "Sirena", digo... de la Torre Caleta.


Al fondo, a la izquierda, se insinúa la Torre de Cerro Gordo.


Los "cachorros".

Eduardo comenta que podríamos ir en las piraguas a Cantarriján para tomarnos un ron. Y nos parece una excelente idea. Recorremos en piragua los 1.100 metros que nos separan de la playa de Cantarriján y en un chiringuito nos tomamos el "digestivo".


Hacia Cantarriján.


Playa de las Doncellas y Torre Caleta.

Regresando de Cantarriján vuelca el kayac en el que viajamos Lourdes y yo. ¡Palabrita que el ron no ha tenido nada que ver...! Silvia y Eduardo nos socorren y, poco después, Inma y Fernando también se acercan.


El rescate.

Mi cámara de fotos ha estado a punto de bajar 16 metros a pulmón libre. Segundos antes de volcar estaba introduciéndola en el bote estanco sin que hubiese terminado de roscar la tapa.

Finalmente, conseguimos regresar a nuestra cala y, a las 20.30 horas, recogemos las cosas y volvemos a los coches, los cachorros en piragua y los veteranos sudando la gota gorda a través del monte.


Playa del Cañuelo y Torre del Pino, al fondo.

Y, como colofón de la ruta de hoy, una adivinanza. Es difícil acertarla aunque no imposible:

En la diapositiva siguiente se encuentran las dos sirenitas citadas en el texto. ¿Seríais capaces de distinguir cuál es la de la Playa de las Doncellas y cuál la de Copenhague? Venga, valientes...


miércoles, 3 de agosto de 2011

La Maroma. Ruta nocturna con luna llena. 17 de Julio de 2011.

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Juanlu.

Hoy me es difícil la narración de esta ruta a la Maroma, de noche, con luna llena... porque yo no pude ir con el grupo. Una sobrecarga en el pie izquierdo me dejó en tierra. Pero, como dice Juan Vázquez Rengifo, soldado y cronista en el ejército de Arévalo de Zuazo, en su libro "Grandezas de la Ciudad de Vélez y Hechos Notables de sus Naturales", escrito a principios del siglo XVII, sobre la rebelión de los moriscos en la Axarquía del año 1569: "Y así digo que es evidente y cosa clara que muchos de los escriptores y cronistas que han escripto historias altas y verdaderas, algunas cosas dellas lo han hecho por tradición y relación de personas que de aquella materia hayan tenido noticia, y no porque todo lo hayan visto..."

Así que me he basado para ello en lo que me han contado algunos de los integrantes del grupo que sí tuvieron la inmensa suerte de realizar esa preciosa ruta.


Preparados para afrontar la Maroma.

La subida se realizó en 3 horas por el Robledal. El intenso calor en las primeras horas de la noche hizo sudar profusamente a todos los montañeros.

En el Collado de Rojas, a casi 1.600 metros de altitud, Pablo, agotado por el calor, tomó la decisión de no continuar el ascenso y esperar al grupo por la mañana en esa pequeña llanura. Por supuesto, Ana, su pareja, se quedó con él. Juanlu quiso hacerlo también pero fue enviado de manera contundente a hacer gárgaras a la cumbre. Pero antes de continuar el ascenso, les dejó comida y agua dándoles algunos consejos como montañero experto.

Poco después, Juanlu pierde el saco de dormir que comienza a rodar por un barranco entre pinos sin que ninguno de ellos pueda detenerlo. Lo busca sin encontrarlo y deja esa tarea para el regreso, ya con la luz del día.

A la una de la madrugada llegaron a la cima de la Maroma. El calor se convirtió, a 2.068 metros de altura, en una sensación de frío intenso progresivo, obligándolos a extender rápidamente los sacos de dormir, colocarse los forros polares y los pasamontañas, e incluso a masajearse los brazos para obtener algo de ese calor del que tanto habían renegado en la subida.


Frío en la cumbre.

Sobre las tres de la madrugada, un precioso zorro comienza a luchar con la mochila de Inma oliendo la comida que llevaba en ella. Cuando le pregunté qué manjares llevaba en su interior cuyo aroma los hacía irresistibles para el animal, me dijo que sólo llevaba bocadillos de embutidos... eso sí, "hechos con mucho cariño..." Y lo creo. Quienes hemos tenido la oportunidad de comer su morrete de setas o sus piononos, o degustar su arresol... sabemos de qué hablamos.


El zorro al acecho de la comida.

Fernando que tenía obligaciones hasta las primeras horas de la madrugada, realiza la subida solo y sin frontal, llegando a la cumbre a las 5 de la madrugada, no sin antes haber sufrido y dado, al mismo tiempo, un intenso susto a "la parejita feliz" que se quedó a la mitad de la ascensión. Me contó que al llegar al monolito de la Maroma, vio en la penumbra muchos grupos de montañeros ocupando los distintos vivac de piedras existentes a su alrededor y que no pudo distinguir ninguna cara conocida por lo que se arremolinó como pudo en el suelo rocoso, muerto de frío, esperando el amanecer. Éste no se hizo esperar mucho ya que a las cinco y poco más comenzó a atisbarse un blanco resplandor en el horizonte. Algunos compañeros, desperezándose, aprovecharon para hacerse fotos.


Primeras luces del amanecer.


Los madrugadores.

A las seis menos veinte, ya se encontraban todos con las mochilas a la espalda para hacerse una fotografía junto al monolito antes de emprender el descenso.


La última foto en la cumbre.

Y, poco después, comenzaba la verdadera magia de la ascensión: el anaranjado resplandor del sol naciente. Esa sensación a 2.000 metros de altura no puede describirse con palabras. Hay que estar allí para vivirla y grabarla para siempre en las retinas. Yo puedo describirla porque he tenido la oportunidad de apreciarla muchas veces en esa cumbre.


Amanecer desde la Maroma.


Durante el descenso.

El sol va tomando altura y la vereda ya se aprecia con suficiente claridad. Aparece el saco de dormir de Juanlu y continúan bajando para recoger a Ana y Pablo que ya despiertos les dicen a los demás con palabras llenas de emoción que un zorro joven ha dormido toda la noche junto a ellos, enroscado.

Ya juntos, continúan hacia el Puerto de las Loberas, no sin antes hacerse varias fotografías en la "Cabeza de Tortuga".


"Cabeza de Tortuga".


"Cabeza de Tortuga".

Y así aconteció la ruta que yo no pude hacer...

martes, 5 de julio de 2011

Cueva de la Fájara. 3 de julio de 2011.

Comentarios: Antonio Arana.
Fotografías: Antonio Arana.


Después de la última ruta realizada a la Sierra de las Nieves el 15 de mayo, iniciamos hoy la temporada de verano 2011. Eso significa que comenzaremos a planificar rutas de agua, cuevas y alguna ascensión nocturna a los picos más emblemáticos de la Axarquía.

Hace unos días, Juanlu me envió un correo informándome que iba a entrar por "enésima" vez a la Cueva de la Fájara (CA-1). Una cueva en la que yo nunca he estado y a la que siempre he querido ir. Se trata de la cueva más importante de toda la Sierra Almijara y Tejeda, detrás de la Cueva de Nerja. Tiene un kilómetro y medio de desarrollo explorado. El atractivo mundo de la espeleología me ha cogido algo mayor aunque también he hecho algunos pinitos: Cueva Oscura de Frigiliana, la Cueva del Agua en Canillas de Albaida, la Cueva del Cielo en el Río de la Miel, la Cueva del Lobo Marino en los acantilados de Nerja, las Galerías Altas de la Cueva de Nerja y la Cueva del Berrueco en los Alcornocales, en Cádiz. Algo es algo, aunque me gustaría algo más...

He contactado con algunos compañeros del grupo que dada la premura de tiempo no han podido cambiar sus compromisos. Y me ha sido imposible contactar con otros. Sirva esta ruta de avanzadilla para hacerme una idea de cómo es la Cueva de la Fájara para poder hacerla en otra ocasión con el resto del Grupo Andax.

Iniciamos la marcha desde el pueblo de Canillas de Aceituno, pueblo donde se inició la rebelión de los moriscos allá por el año 1569. Nos dirigimos al Río Bermuza caminando por una vereda paralela al mismo, en dirección noreste.


Vereda hacia la Cueva de la Fájara.

Pronto nos vemos envueltos por una vegetación compuesta principalmente por adelfas (Nerium oleander), alfilerillos de la viuda (Trachelium caeruleum) y zarzas (Rubus fructicosus).

Debemos cruzar el Río Bermuza para continuar nuestro camino por la vertiente norte.


Entre adelfas y alfilerillos de la viuda.

En unos 20 minutos de marcha normal nos encontramos de frente con el amplio Abrigo de las Abejas (CA-4), utilizado hoy en día para guardar el ganado.

A la izquierda del mismo podemos apreciar una masa de adelfas de la que emergen varios ejemplares de almez (Celtis australis). ¿Quién no conoce las sabrosas "almencinas"?


Adelfas, almeces y Abrigo de las Abejas.

Pues, bajo el almez más cercano al abrigo se encuentra la entrada a la Cueva de la Fájara, totalmente camuflada entre la vegetación. Antes de entrar comprobamos nuestros frontales, las pilas de repuesto y nos colocamos cada uno lo que podemos sobre nuestras cabezas para evitar golpes en ellas con las estalactitas: unos se colocan una camisa de repuesto a la manera árabe; le dejo a mi hijo Antonio un casco y yo me coloco mi inseparable sombrero... Ya estamos dispuestos para la aventura.


Llegando a la entrada de la cueva.


Entrada a la cueva.

Una vez en la boca (10.30 horas), nos dirigimos hacia la derecha para, unos metros después, girar hacia la izquierda siguiendo por una recta galería en cuyo techo Juanlu señala una figura en la roca a modo de cabeza de rinoceronte. Recorridos unos 10 metros en sentido ascendente llegamos a una pequeña sala desde la que comenzamos a bajar por un suelo de fina arena blanca. En esta zona hay mosquitos y vamos todos manoteando.

Debemos caminar inclinados porque la pared de la izquierda forma una diagonal que nos obliga a hacerlo así.


La inclinación de la roca.

Torcemos a nuestra derecha y, poco después, encontramos un espeleotema a modo de una preciosa columna estriada.


Columna.

Unos 10 metros después nos topamos con otra columna, esta vez lisa. Se sigue al frente dejando un pequeño descenso a la izquierda, con un techo en diaclasa. Son las 11.16 horas. La marcha es lenta porque el grupo es numeroso. La galería se va estrechando tanto que nos obliga prácticamente a arrastrarnos, llegando tras recorrer una decena de metros en descenso, a una estrechísima grieta a nuestra izquierda por la cual es necesario pasar.


Estrechamiento de la galería.

Se hace del todo imposible llevar las pequeñas mochilas a la espalda porque nos quedamos retenidos por el roce con el techo de la cavidad. Algunos optan por dejarlas en esta zona para recogerlas al regreso.



Dejando las mochilas.

Podríamos haber obviado la estrecha grieta si hubiésemos continuado hacia la derecha, pero Juanlu nos dice que merece la pena hacer la ruta de esta forma. No protestamos y continuamos.


Pasando por la estrecha grieta.

Una vez flanqueado este difícil paso, nos encontramos en una pequeña sala en la que podemos ver algunos murciélagos arropados entre ellos. Nuestras luces los molestan y nos lo dicen con su claro lenguaje bucal. Y digo bucal porque nos enseñan unos colmillos que hacen que nos retiremos un poco y dejemos de hacerles fotografías.


Enseñándonos sus colmillos.

Desde aquí es necesario descender por una galería estrecha cortada en el centro, en su mitad inferior, por una aguda roca. Es un paso peligroso y hay que apoyar muy bien los pies, buscando al mismo tiempo pequeños resaltes en la roca lisa para agarrarnos con las manos y no resbalar. Son unos 4 metros de bajada. Giramos hacia la derecha arrastrándonos unos 12 metros por una galería muy baja hasta llegar a otra pequeña sala (11.34 horas).


Pequeña sala tras el descenso.

Al frente hay una diaclasa convergiendo sus paredes al fondo. A nuestra derecha aparece un laminador ascendente de unos 20 metros. Al final del mismo, techo y suelo están tan juntos que es casi imposible traspasar la angosta grieta que forman al converger. Pero el grupo está formado por chavales jóvenes y delgados, consiguiendo pasar aunque con gran dificultad y con la inestimable ayuda de Juanlu, todos los componentes del grupo menos tres: Yesica, Lute y... y... y... yo. Lo intento con todas mis fuerzas siguiendo los consejos de Juanlu desde la otra parte del laminador que va dirigiendo mis manos, mis piernas y el tronco, porque yo apenas puedo mover la cabeza, pero las estalactitas me arañan la espalda al tiempo que tengo las estalagmitas comprimiéndome el pecho. Expulso todo el aire de mis pulmones para en un último avance en apnea intentar zafarme de la fortísima presa a la que estoy sometido, pero me es imposible. La ce... la ce... la "cebada" ha engordado mi barriga unos cuantos centímetros desde el principio de verano. Pero es que está tan fresca y tan buena la cerveza "Alhambra reserva 1925... "


Inicio de la subida por el laminador.


El laminador se va estrechando cada vez más.


Juanlu y Antonio en la parte más difícil del laminador.


Detalle del difícil paso.

Le dejo mi cámara fotográfica a Juanlu porque no quiero perderme las maravillas que van a poder contemplar. Les deseamos suerte y, a las 12.17 horas, regresamos nuevamente los "gorditos" a la entrada de la cueva. Esta vez tomamos la galería alternativa para obviar la grieta estrechísima del principio. No encontramos ninguna dificultad y a las 12.34 horas notamos en nuestros rostros sudorosos y sucios de tierra la intensa calidez del sol. Estamos chorreando de sudor.

Nos dirigimos hacia una zona ensanchada del Río Bermuza junto a una surgencia al mismo que cae en cascada atravesando una alambrada interpuesta en el cauce entre adelfas y un alto algarrobo. Aquí nos disponemos a esperar al resto del grupo (12.40 horas).

A las 13.26 horas vemos llegar a una parte del grupo. Nos dicen que encontraron una galería con miles de murciélagos posados y que Juanlu, Javier y otro compañero la atravesaron en silencio y con apenas luces, comenzando a volar algunos murciélagos que desencadenaron el pánico entre los que quedaron atrás, regresando corriendo por miedo a la gran masa de quirópteros.

Unos 20 minutos después llegan los "héroes" contando maravillas de las diversas galerías que han recorrido. Mis dientes se van llenando de tierra de lo largos que se me ponen al escucharlos. Juanlu me dice que no se ha acordado de hacer ni una sola foto con mi cámara. ¡Ummm...!

Quiere realizar el regreso por el río y ninguno le presentamos objeciones. Nos vendrá muy bien refrescarnos. Nos hacemos la foto de grupo junto al algarrobo.


Foto de grupo antes de iniciar el regreso por el cauce.


Cauce del Río Bermuza.

Como siempre, voy tomando notas de los distintos hitos, los tiempos, la flora...


Bloc y bolígrafo en las manos.

Llegamos sin problemas a una profunda poza que es necesario atravesar. Vamos pasándonos las mochilas como podemos para evitar que se mojen los móviles, las cámaras de fotos, el dinero, la ropa seca... que llevamos en su interior.


Maravillosa, fresca y profunda poza.

Mientras espero mi turno para saltar a la poza, fotografío en la húmeda roca un ejemplar de Papilio machaon sin vida. Es una lástima pues se trata de una de las mariposas más bellas que existen.


Papilio machaon.


Mochila en alto. Un metro más allá no se hace pie.

La poza tiene unos 2 metros de profundidad máxima. Por ella discurre una gruesa goma que recoge el agua de la parte más alta. Tiene el aspecto de una larga, sinuosa y negra serpiente.


Entrando en la poza.


El relax del agua fría.

Salimos a la acequia de la vertiente sur del río y, poco después, atravesamos un escondido puente que queda a la derecha, junto a un gran nogal y un cortijo abandonado, para darnos un baño fantástico en una poza maravillosa en un entorno paradisíaco.


El "Gran Juanlu".


Poza en el Río Bermuza.


El salto.

El agua está helada y el frío se deja sentir en la piel poniendo los pe... los pez... los pelos de punta.


Sandra, helada, con los "pe..." de punta.

A mí me gusta el agua fría. Hace unos quince años me bañé en la Laguna del Caballo, en Sierra Nevada, con el agua a +2ºC. Pude aguantar sólo 10 minutos pero fue un baño reconfortante. El problema fue que me lancé al agua desnudo y al salir "alguien" me hizo una foto en la que curiosamente salí sin pito. No sé qué me pasó.


Poza en el Río Bermuza.

Yo conocía ya esta poza por haber venido años atrás en varias ocasiones. La cascada es preciosa y forma un tobogán que invita a utilizarlo pero hay una gruesa rama de higuera que se interpone.


Junto a la poza.


La cascada y su tobogán.

Recuerdo que el puente, ahora casi desaparecido entre la vegetación, se alzaba majestuoso sobre el río a pesar de su tosca construcción.


El puente.

Tras pasar un rato muy agradable en el entorno de la poza decidimos regresar. A nuestro paso, los alfilerillos de la viuda contrastan con el resto de vegetación, de color verde.


Alfilerillo de la viuda (Trachelium caeruleum).


Alfilerillo de la viuda.

A las 15.30 horas nos encontramos ya junto a los coches cambiándonos la ropa mojada y el calzado. Ha sido una aventura estupenda. Pero prometo regresar un día con 2 kilogramos menos para ver la parte de la cueva que me ha sido negada hoy. ¡Palabrita...!


Final de la ruta.



Croquis topográfico de la Cueva de la Fájara. GES de la SEM (año 1998).