miércoles, 15 de septiembre de 2010

Regreso a la Cueva del Lobo Marino. 9 de septiembre de 2010.



Comentarios: Antonio Arana.

Fotografías: Antonio, Eduardo y Alejandro.

El día 9 de septiembre nos quedamos con las ganas de explorar el pasillo submarino que creemos comunica el interior de la cueva del Lobo Marino con el mar abierto. No quisimos arriesgarnos aquel día al no llevar equipo de buceo, a pesar de que el agua estaba transparente.

Por dicho motivo regresamos hoy con todo un submarinista experto en inmersiones: Eduardo. Si bien, hoy podemos apreciar mayor oleaje y un mar de aguas muy turbias.


El eterno punto de encuentro: aparcamiento del hospital de la Axarquía.

Nos dirigimos hacia la Playa de Burriana donde aparcamos los coches temprano, sin ningún problema.


Playa de Burriana.

Iniciamos el camino por una vereda hacia los Acantilados de Nerja, al este de la Playa de Burriana. Eduardo lo hace con equipo de buceo bordeándolos por mar, acompañado por Silvia. Ellos llegan un poco antes que nosotros inspeccionando desde el agua la entrada a la cueva y dándonos dos noticias un tanto negativas: el agua está completamente turbia y, además, la marea está baja y el acceso a la cueva es muy complicado.


Silvia y Eduardo frente a la entrada de la Cueva del Lobo Marino.

Yo también les doy una noticia negativa: la cuerda que había en el acantilado hace 4 días ya no está, por lo que hay que saltar unos 3 metros. En el grupo vienen dos montañeros de secano, de Córdoba: Alejandro y Adolfo. La noticia de la ausencia de la cuerda no les ha gustado nada y miran el agua con verdadero pánico.


Las dudas de "los Cordobeses".

"Lute" es el primero en dar ejemplo y, sin pensárselo, da el salto. Previamente le dije a Eduardo que se acercara al acantilado para que localizara el lugar donde debemos entrar al agua porque hay una plataforma rocosa alrededor del mismo, sumergida, que hoy no podemos ver.

Detrás de él vamos saltando todos, uno tras otro. Adolfo prefiere regresar a una pequeña cala a 100 ms de distancia y llegar a la cueva a nado. Eduardo nos dice que el agua está helada. Hace fotos con su cámara submarina pero algo en ella falla y las fotografías salen de color rojizo.


Acantilado.


Eduardo fotografiando los saltos.


El salto de "Lute".


Virginia.


Paloma en un salto que pone los pelos de punta.


El baile aéreo de Pedro.


El salto atlético de Fernando.

Algunos no tenemos suerte y entramos en el agua antes de que Eduardo pueda disparar la cámara. Y no es cuestión ahora de volver a repetir el salto.

Una vez todos en el agua, valoramos objetivamente la advertencia de Eduardo en relación con la marea baja y la dificultad para acceder a la cueva. No sé de qué manera "Lute" ha podido ascender a ella y con su fortaleza natural nos va ayudando a todos a subir. Acaba con calambres en las pantorrillas del sobreesfuerzo.


¡Ayuda...!


"Lute" subiendo a Eduardo.


¡Y a mí quién me ayuda...!

Una vez dentro de la primera sala, encendemos los frontales que sacamos del bote estanco y comenzamos el recorrido por las distintas galerías de la cueva.


Con el equipo de buceo y el foco submarino preparado.

Tras un serpenteante recorrido llegamos al final de la cueva: la preciosa playa subterránea que se hunde en las entrañas del mar a través de un pasillo que Eduardo va a explorar para ver si tiene salida al mar abierto. Nos hacemos unas cuantas fotografías en la playa y aseguramos a Eduardo con una cuerda porque va a entrar solo en el pasillo submarino.


Playa subterránea.

Se introduce en el agua sin la botella para inspeccionar el pasillo. Poco después sale refiriendo que no se ve absolutamente nada; apenas un lejano reflejo luminoso sin saber a qué distancia se encuentra. Eduardo quiere colocarse el equipo con la botella, a pesar de todo, para acercarse a la "luz" pero le quitamos la idea de la cabeza. El sentido común en montañismo, espeleología y, sobretodo, en submarinismo, dice que al menos deben ir dos compañeros y no hacer nunca esas actividades en solitario (a veces, nos hemos pasado el sentido común por los forros...).


A punto de introducirse en el pasillo submarino.


Pasillo submarino.

Decidimos dejar la exploración para una mejor ocasión, cuando el mar presente buenas condiciones de calma y claridad.

Alejandro comienza a decir que tiene hambre y todos empezamos a notar en el estómago "el gusanillo", así que regresamos a la entrada de la cueva para nadar hacia la cala que hay al este de la Playa de Burriana, dispuestos a comernos una paella en algún chiringuito.


Entrada de la cueva.


Preparándome para saltar al agua.


Eduardo.

Almorzamos en un chiringuito en la Playa de Burriana y, por supuesto, comemos paella.


La paella.


En el chiringuito.

Tras el almuerzo, vemos un precioso deportivo de color gris plata expuesto en un pub. Fernando rápidamente se adueña de él.


El deportivo de Fernando.


Pensando en la próxima ruta...

...¡Los Cahorros y cascadas del Río Higuerón...!



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